En vez de un local de micheladas, pone un laboratorio de artes

Alumnos1 de PRISMA
Por Máximo Cerdio
Zacatepec, Morelos; 30 de octubre de 2026. En una región donde el comercio y la agricultura representaban buena parte de la actividad económica, Quetzali Calderón Ríos, de 31 años, apostó por la enseñanza de las artes plásticas.
Egresada de la Licenciatura en Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), complementó su formación con cursos, talleres y diplomados relacionados con el arte y arteterapia. Todo este esfuerzo concluyó en un proyecto propio: Prisma, Laboratorio de Arte.
La primera actividad de Prisma fue un taller de pintura con temática de Día de Muertos y Halloween, el miércoles 28 de octubre de 2026, a las 17:00 horas. Con esa propuesta, Calderón buscó inaugurar el lugar mediante una actividad que reuniera la expresión artística, la convivencia y las tradiciones de estas fechas.
Aunque la apertura se materializó con ese primer taller, el proyecto comenzó mucho antes. Su planeación incluyó la búsqueda de un espacio adecuado, la organización de la logística y la adquisición de materiales y herramientas. Para Calderón, establecer un laboratorio de arte significó dar forma a una idea que durante mucho tiempo había permanecido entre sus inquietudes profesionales.
Artes para todos
Prisma, Laboratorio de Arte, es un espacio de aprendizaje dirigido a niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, con grupos organizados por edades y horarios específicos, se localiza en la colonia Plan de Ayala, en Zacatepec.
El grupo Aurora está destinado a niños de siete a once años y sesionará los miércoles, de 17:00 a 18:00 horas. En ese mismo día, de 18:00 a 19:00 horas, el grupo Leonora recibirá a adolescentes de doce a diecisiete años.
Para los adultos de dieciocho a sesenta años se creó el grupo Remedios, con clases los jueves, de 16:00 a 17:00 horas. El grupo Cordelia, dirigido a personas de sesenta años en adelante, tendrá actividades los jueves, de 11:00 a 12:00 horas.
El laboratorio enseña técnicas de dibujo y pintura y, demás, buscaba que los participantes exploren materiales, experimenten con distintas formas de expresión y desarrollen un lenguaje visual propio. La propuesta contemplaba ejercicios dinámicos y accesibles que estimulan la imaginación, la curiosidad, la sensibilidad estética y el pensamiento crítico.
Mayor información al teléfono 777 7904324
Para la maestra Calderón, acercarse al arte también implicaba aprender a observar, cuestionar y comprender el entorno. Las artes visuales podían funcionar como una forma de conocimiento y comunicación, además de abrir posibilidades para el desarrollo personal.
¿Arte en el sur de Morelos?
Quetzali Calderón reconoció que en la zona sur de Morelos había contados espacios dedicados a las artes plásticas, lo que limitaba las oportunidades de quienes deseaban acercarse al dibujo y la pintura.
Por eso decidió establecer el laboratorio en Zacatepec, con la intención de ofrecer un lugar accesible y seguro donde las personas pudieran experimentar con las artes gráficas, compartir sus intereses y expresarse mediante sus propias obras.
En el municipio conocía a niños y jóvenes con aptitudes para la pintura y el dibujo. Durante su experiencia docente atendió alumnos con talento que practicaban estas disciplinas como pasatiempo, pero que podían encontrar una motivación adicional al descubrir que también era posible profesionalizarse.
Su visión del aprendizaje artístico parte de una idea escuchada durante sus estudios universitarios y que conservó como inspiración: “La vida es una obra de arte, por lo tanto, todos somos potencialmente Artistas”.
Por ello, cualquier persona puede desarrollar habilidades para dibujar y pintar mediante la práctica. El talento no estaba en unos cuantos, era una capacidad que podía cultivarse con disciplina, constancia y acompañamiento.
El arte en la sociedad
Según Quetzali aprender artes plásticas puede representar una actividad recreativa que les permita apartarse por un momento del estrés cotidiano; para otros, puede ser una vía para expresar pensamientos, emociones y experiencias personales, o convertirse en una alternativa económica mediante la producción y venta de obras, o servir como punto de partida para explorar profesiones relacionadas con el diseño gráfico y la arquitectura.
Calderón encontró, además, una posibilidad que le interesaba especialmente: el uso del arte con fines terapéuticos.
Su trabajo de campo le ha permitido observar cambios positivos en las personas que participan en actividades artísticas, independientemente de su edad, género o ideología: concentrarse en la creación de una pintura o un dibujo puede ofrecer una alternativa constructiva para ocupar el tiempo, explorar inquietudes y desarrollar otras formas de relacionarse con el entorno.
Desde esa perspectiva, ve en los talleres una oportunidad para acercar a niños y jóvenes a actividades creativas frente a otros espacios de riesgo.
El arte no es una solución automática a los problemas de violencia o delincuencia, sino una práctica capaz de abrir opciones de desarrollo y expresión, según la maestra Quetzali.
El aprendizaje artístico también puede ampliar la manera de comprender a los demás, incluso acercarse a los contextos históricos y culturales en los que surgieron. Esa mirada permite reconocer diferentes perspectivas y desarrollar una relación más abierta con los asuntos sociales, políticos, religiosos y ambientales, puntualizó Quetzali Calderón Ríos.
