Los impactantes tecuanis de Xoxocotla

Algunos integrantes de los Tecuanis de Xoxocotla
Máximo Cerdio
Xoxocotla, Morelos; 6 de noviembre de 2026. Durante el Décimo encuentro Nacional de Tecuanes realizado en Tetelpa. Uno de los grupos que más llamó la atención, por sus vestimentas, fue el de los tecuanes de Xoxocotla. Las máscaras de tecuán, de perra y las de varios personajes eran intimidantes.
Los organizadores no tenían más datos de estos participantes, a pesar de que es el segundo año que tienen presencia en el encuentro.
Una semana después del evento, se consiguió una entrevista con el pitero del grupo.
La “Danza de los tecuanis de Xoxocotla Morelos” tiene más de 80 años de historia, y como en casi toda la entidad representa la cacería y captura de un jaguar (tecuán, que significa «devorador» en náhuatl), originada por el robo de ganado a un terrateniente local, aseveró en entrevista Javier Carmen Leyva, de 27 años, pitero y encargado de la danza desde hace más de dos años.
Fiacro Sopeña Cristóbal, pitero y coordinador, fue uno de los encargados de la danza en Xoxocotla, pero falleció a la edad de 86 años y, desde hace dos, Javier es el coordinador.
Uno de los integrantes con más experiencia es Cristian Valdez, de 22 años, quien lleva más de una década participando en la danza, los más jóvenes son Nicandro Carmen, de cinco años, que representa a Resueño y Valeria Carmen, de dos años, que representa a un Zopilote.
La danza reúne diversos personajes. De acuerdo con Javier Carmen, participan seis tigres grandes y dos pequeños; el hacendado, conocido como Salvadorchi; el capataz, llamado Mayeso; Juan Tirador, quien lleva un arma de fuego, y el Viejo Rastrero, que carga un animal disecado.
También aparecen cuatro personajes conocidos como colores, identificados por sus vestuarios rojos y verdes: el Lancero, el Chahuastlero, el Pascasio y el Belechero.
A ellos se suman seis perros de caza, vestidos de blanco con manchas negras; seis resueños, dos venados, seis zopilotes y dos doctores.
Cada personaje tiene una función dentro de la representación y cuenta con un vestuario y una máscara propios.
Entre los integrantes que dan vida a estos personajes se encuentran Alan Avelino, Jhon Reza, Martín Cándido y Óscar González, quienes participan como tigres. Fernando González interpreta a Mayeso; Martín Beltrán, a Salvadorchi; Juan Beltrán, a Juan Tirador, y Adolfo Leal, al Viejo Rastrero.
Los personajes de colores son representados por Cristian Valdez, como Lancero; Joshua García, como Pascasio; Edgar Irineo, como Belechero, y Gael Romero, como Chahuastlero. Víctor Manuel y Cristina Carmen participan como doctor y doctora, respectivamente. Entre quienes dan vida a los perros se encuentran Ignacio Carmen, Cristian Leal, Armando González y Brayan Romero. Por su parte, Kevin Sánchez, Víctor Palma, Alexis Contreras, Jesús Esteban y Aldair Ramos forman parte del grupo de Resueños.
El Resueño se conoce también como Varañado o Embarañado, Hermitaño o Gervasio.
“El Resueño se une con Juan Tirador, y el Viejo Rastrero a la hora de ir a cazar al tigre a lo más alejado al monte, o al cerro. Se une con ellos, ya que él vive en esa zona, y él es quien ayuda a dar con el tigre. Él lleva lo que llamamos el “Coone”, que se fabrica con bambú y una muñeca y lleva colgando un par de iguanas o chintetes. Él vive en lo más alejado del pueblo y no tienen contacto humano”, explicó el maestro Pitero.
La danza se presenta principalmente durante las fiestas religiosas de Xoxocotla. Una de las fechas más importantes es el primero de mayo, cuando se celebra a San José Obrero y San Felipe Apóstol. La otra es el ocho de septiembre, con motivo de la Natividad de la Virgen María. En ambas ocasiones, los danzantes se presentan en el atrio de la iglesia.
El grupo también ha llevado su danza a otras localidades, aunque sus salidas han sido pocas. Entre los lugares que han visitado están Tetelpa, Anenecuilco y Chalma, Estado de México.
Javier explicó que los integrantes no reciben apoyo económico para elaborar sus vestuarios. El grupo no está registrado ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) ni cuenta con respaldo gubernamental. Por ello, cada participante se hace responsable de su propio traje.
Los vestuarios se mandan a confeccionar en una sastrería de Xoxocotla, por lo general uno o dos meses antes de las presentaciones.
Las máscaras tienen un proceso de elaboración particular, pues no todas se fabrican con los mismos materiales. En el caso de los tigres, Javier explica que existen dos maneras de hacerlas. Una consiste en utilizar palma, a la que se le da forma mediante el tejido hasta conseguir la figura deseada. Una vez terminada la estructura, se cubre con tela amarilla, que se cose con hilo y aguja. Después se pintan las manchas negras y se colocan dos colmillos, los dientes y las orejas. Los ojos se elaboran con espejos cortados en forma de estrella. Al terminar estos detalles, queda lista la pieza que los danzantes llaman “cabecera de tigre”.
Las demás máscaras también tienen sus particularidades, pero los propios miembros las fabrican.
Como coordinador y pitero, Javier acompaña a los tecuanes en las presentaciones. Antes de que se lleguen las fechas de las presentaciones en mayo y septiembre, reúne a los integrantes para planear la danza dependiendo del lugar de presentación.
Cuando aceptan invitaciones fuera de Xoxocotla, también se encarga de avisar a los miembros para que puedan cumplir y presentarse:
“La danza debe salir lo más bien que se pueda y, lo más importante en mí, lo fundamental, es transmitir la música de la danza, porque sin la música no hacemos nada”.
Sobre el libreto de los tecuanes de Xoxocotla, Javier Carmen Leyva dijo que la mitad de los parlamentos está por escrito y la otra mitad son orales, son trasmitidos de generación en generación. Los que han representado a los personajes les dicen a los nuevos, qué hay qué decir y cuándo, en qué momento de la danza, y así se va pasando a los nuevos y éstos van a transmitir ese conocimiento a los que vendrán.
Javier está en la danza de los tecuanis desde 2008, tenía ocho años. Representó a diversos personajes desde ese tiempo hasta que, para finales de septiembre del 2024, le pidió a Santa Cecilia que aprendiera a tocar y empezó a ensayar los sones con un tambor artesanal hecho cuero de chivo, una baqueta de otate y una flauta de bambú, fabricados por él mismo: tenía el compromiso de tocar y sacar la danza.
Como empezó a bailar desde muy pequeño, recordaba todos los sones que tocaba don Fiacro, y en mayo de 2025 tocó por primera vez en el grupo, y con ello asumió el cargo de responsable de la danza, del grupo y Maestro Pitero.
