Ramón López Velarde. Cuando el nombre no es lo de menos

Cartel en casa del poeta

Cartel en casa del poeta

Por Máximo Cerdio

Ciudad de México; 15 de junio de 2026. Artistas en defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde entregaron un pliego petitorio a las autoridades de Cultura sobre el cambio de nombre y destino del recinto donde vivió y murió el poeta zacatecano, y esperan respuesta institucional.

El viernes 12 de junio, pasadas las 4 de la tarde, más de 150 personas acudieron a la convocatoria que circuló por redes sociales de apersonarse frente al recinto ubicado en avenida Álvaro Obregón, número 73, colonia Roma, alcaldía Cuauhtémoc para protestar por el cambio de nombre y destino del centro de cultura.

Allí los manifestantes entregaron un pliego petitorio firmado por el Comité de Defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde, dirigido a la Jefa de Gobierno Clara Brugada Molina con 12 puntos, entre los que destacan la restitución del nombre y vocación originaria; eliminar cualquier intento de «curaduría» institucional restrictiva que condicione la agenda de los autores; gratuidad de los espacios; preservación del Café-Bar «Las Hormigas»; garantizar el resguardo, catalogación y mantenimiento de las bibliotecas «Salvador Novo» y «Efraín Huerta», así como del «Tercer Fondo Editorial» y del archivo audiovisual; destitución de la dirección actual y que el cargo sea ocupado por un poeta de reconocida trayectoria y conocedor de la obra de Ramón López Velarde; transparencia y rendición de cuentas presupuestal; instalación de un Consejo Consultivo Comunitario; rechazo a la reconversión comercial o escénica unilateral; mesa de diálogo y respuesta oficial.

A eso de las 4:50 de la tarde, Jesús Galindo Calderón, titular del Instituto de Defensa de Derechos Culturales de la Secretaría de Cultura local salió a hablar con el contingente y les aseguró que no habrá cambio de nombre ni de destino, pero los inconformes dijeron que no era suficiente y querían una respuesta formal e institucional y le reclamaron porque la directora Ana Francis Mor no daba la cara y se escondía.

También aclararon que la Casa se cerró durante la contingencia del Covid, y que no llevaba 8 años sin actividades, como había asegurado la directora.

Ante la amenaza de lluvia, permitieron la entrada de los inconformes al salón de usos múltiples, en donde se siguió discutiendo lo que se consideró una arbitrariedad por parte de Ana Francis Mor.

Media hora más tarde, los protestantes se retiraron de lugar y advirtieron que volverían el próximo viernes, si las autoridades de Cultura no daban una respuesta institucional al pliego petitorio cuyos puntos consideraron no negociables.

El recuento

Durante seis o siete días el nombre de Casa del Poeta Ramón López Velarde y Ana Francis Mor, estuvieron llenando los perfiles de poetas, escritoras, críticos, académicos y simulares, además de notas en diferentes medios nacionales: habían cambiado el nombre al lugar, y también la vocación.

La “inauguración“ de la “Casa de las palabras» fue el 4 de junio, y de acuerdo con la directora de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis López Bayghen Patiño, o Ana Francis Mor, dramaturga y comediante, en entrevista publicada en la revista Proceso, el ciclo de Fundación Casa del Poeta, I. A. P.  que administró el espacio hasta el 2025, se había cerrado: “De alguna manera, la intención de la Secretaría de Cultura es una renovación necesaria, más acorde con los tiempos, con el entorno de la colonia Roma, que ya tiene también otros lenguajes artísticos, contraculturales, etcétera, entonces, tuvimos la siguiente reflexión: ¿Cómo hacemos para que no sea un genérico masculino lo que defina?, porque en el siglo XXI vale la pena hacer ese cuestionamiento. Por eso estamos en Casa de las Palabras Ramón López Velarde”.

La poetada se le fue encima, y desde ese día no dejaron de aparecer publicaciones en las redes sociales y en los periódicos de la Ciudad de México, criticando el cambio de nombre y la finalidad de este espacio.

Una de las observaciones más claras al cambio de nombre fue la del poeta y periodista Hermann Bellinghausen en el texto “El poeta y la casa tomada”: “El hecho nos llegó a todos. Con perdón, “la palabra” no es “la poesía”. “La palabra” es cualquier cosa: un discurso político, un sermón en el templo, un anuncio, una telenovela, un burlesque (aunque aspire a brechtiano), una palabra más. Nada de eso, la poesía es lo que es”.

En redes sociales comenzaron a circular insultos hacía Ana Francis, hacia Clara Brugada, la jefa de Gobierno, hacia Claudia Sheunbaum, hacia Morena, la 4 T y desde luego en contra de Andrés Manuel López Obrador y todos sus hijos.

La principales argumentaciones refieren que es un espacio del pueblo público para honrar la memoria del poeta que vivió y murió en esa casa, por cierto un monumento histórico, por declaratoria del 22 de enero de 1982, y publicado en el DOF el 10 de febrero del mismo año; y se expropió, según el decreto publicado en el DOF del 30 de noviembre de 1988 donde se dice claramente que se establecerá un centro de estudios literarios, un centro bibliográfico y una biblioteca de poesía: la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

Según los opositores, la casona perdería por completo su naturaleza y su carácter centralizado en la escucha y discusión de la poesía.

También se destruiría un bastión cultural de más de tres décadas, ya que el sitio acumulaba 33 años funcionando exitosamente como un refugio plural para autores consolidados y nuevas voces.

Asimismo, había incompatibilidad con las nuevas actividades planteadas, ya que se había anunciado que el nuevo proyecto incluiría «el primer cabaret público de la CdMx», por lo que se criticó que era una ocurrencia estatal de priorizar un género transgresor de entretenimiento por encima de la preservación poética.

Hubo una denuncia generalizada de una imposición unilateral por parte de las autoridades de cultura locales, acusándolas de un manejo demagógico del patrimonio público que ignoraba los derechos culturales de la ciudadanía.

Y lo que tenía que pasar pasó: se lanzaron varias convocatorias para manifestarse por el despojo de la Secretaría de Cultura de la CdMx en lo que fue la última morada del poeta zacatecano.

Poema1

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Los pormenores

El sábado 12 de junio al grupo de inconformes compuestos por mujeres, adultos, adultos mayores y jóvenes no fue recibido: la reja del patio estaba cerrada y adentro de la Casa del Poeta había varios guardias de seguridad y afuera una patrulla de policías con dos agentes. En el parque había como 8 policías picándose la panza y bromeando, se desconoce si era para resguardar el sitio.

Eran aproximadamente 150 de acuerdo con el reporte que envió una de las mujeres policías que hacía presencia en el lugar.

Por medio de un megáfono varios poetas repetían lo que en redes se había escrito: que no estaban de acuerdo con el nombre y el destino de la casa de la cultura. Algunas personas llevaban algunas cartulinas con consignas como “la casa del poeta es de la poesía no es tu negocio”, “Poesía sí cabaret no”, entre otras. También llevaban libros y flores y en las manos algunas hojas con poemas escritos a mano.

Entre lo más poético estuvo la participación del primer actor Arturo Beristain, quien actuó en la película de Arturo Ripstein, El Castillo de la pureza, quien propuso cambiar el nombre de la avenida Álvaro Obregón por el de Avenida Ramón López Velarde.

María Riverareclamo la presencia de policías en el lugar y la falta de atención de la directora Ana Francis, por no recibir a los artistas que estaban ejerciendo su libre expresión.

Cuando la lluvia se dejó caer en abonos, Jesús Galindo Calderón, titular del Instituto de Defensa de Derechos Culturales de la Secretaría de Cultura, de playera blanca y calvo, salió a atender a los manifestantes y aunque repitió que no habría cambio de nombre ni de destino, exigieron a gritos que diera respuesta formal y por escrito, además reclamaron la ausencia de la directora Ana Francis López Bayghen Patiño, quien, según Jesús en esos momentos se encontraba en una reunión con Clara Brugada.

La lluvia arreciaba y el grupo opositor pedía le abrieran las puertas para protegerse. Jesús les dijo que no se podía porque la casa se inundaba.

Ante la insistencia de los manifestantes se abrieron las puertas y todos entraron al recinto y descendieron al salón de usos múltiples que, como advirtieron, se encontraba encharcado de agua, pero no de cualquier agua sino de aguas negras, que despedían un delgado olor por todo el salón en el que había colgados cuadros alusivos al cabaret: se trataba de una muestra homenaje a Henri de Toulouse-Lautrec, un pintor y cartelista francés.

Entre cuadros de curvas, mujeres desnudas, ropa íntima, poemas, con signas y exigencias, el olor a alcantarilla se pavoneaba con su estola al cuello, aunque a ninguno de los asistentes perturbara.

También había una maleta de viaje negra, con unos versos pintados con descuido: ”Todas las lágrimas del mar“, del poema velardeano “Hermana, Hazme Llorar…”.

“¡No somos de derecha, somos poetas!”. “¡Que se quite la bandera de los gays de la fachada!” exigían.

Una voz baja, masculina, se puso a tono con el olor de alcantarillas del sitio: “Ya tienen suficientes jotos y pirujas”.

Los funcionarios se portaron en todo momento tolerantes y acusaron de recibido el escrito con el pliego petitorio, además de advertiré que denunciarían penalmente a la directora porque había un indudable conflicto de intereses.

Dentro de los inconformes también estaban vecinos de la casa del poeta, que rechazaron que se convirtiera en un cabaret.

Finamente los manifestantes se retiraron y exigieron una respuesta institucional y por escrito y advirtieron que, si no la recibían, el siguiente viernes estarían protestando nuevamente.

Afuera, la lluvia lavó la inmundicia de las suelas de los zapatos de los manifestantes.

Afuera

Afuera

Ramón entre nosotros

Desde finales de los años 80 y finales de los años 90 cuando no había redes sociales para los poetas y escritores que comenzábamos a hacer público nuestro trabajo, la Casa del Poeta resultó un espacio fundamental.

Allí dimos nuestras primeras lecturas, presentamos nuestros primeros trabajos en forma de plaquetas y conocimos a muchos escritores con una larga lista de libros publicados y premio ganados.

Todos cabíamos en la casa de López Velarde. Allí se deban cita poetas y escritores de toda la ciudad, de Ciudad Neza, de Toluca, de otras partes del Estado de México, de otras entidades y de otros países.

En ese lugar conocimos a poetas y amigos entrañables que nos invitaron a dar lecturas a las cantinas, a las rancherías, a otras ciudades de México.

Cada semana, en ese lugar intercambiábamos poemas, libros, proyectos.

Desde luego, no faltaban algunos enfrentamientos verbales, incluso golpes que comenzaban en el Café-Bar Las Hormigas y terminaban en Alvaro Obregón.

En el taller de poesía de la Casa de Cultra Jesús Reyes Heroles de Coyoacán, que coordinaba el maestro Óscar Oliva dimos cuenta de López Verlarde: fue uno de los que más disfrutamos e imitamos.

El poeta

Ramón Modesto López-Velarde Berumen nació en Jerez de García Salinas, Zacatecas, el 15 de junio de 1888 y murió en la Ciudad de México, 19 de junio de 1921.

Sus libros de poesía son La sangre devota, de 1916; Zozobra, de 1919; La suave patria, de 1921; El son del corazón, de 1932; Silabario del corazón, de 1933 y La niña del retrato, de 1935.

El poeta elevó la vida cotidiana de la provincia mexicana, sus paisajes, costumbres y mujeres a la categoría de arte, alejándose de los temas acartonados y europeos de su época.

También exploró las tensiones del espíritu humano al balancear constantemente una educación católica estricta con una profunda pasión erótica.

Utilizó un vocabulario original, lleno de imágenes inéditas, metáforas insólitas y un ritmo musical propio, lo que sirvió como antesala a los movimientos de vanguardia.

Glosas

Lo que ya no existe. Hace muchos años la Casa del Poeta había dejado de ser lo que fue por mucho tiempo, y se había convertido en edificio viejo que albergaba muebles y libros viejos también, que a pocos interesaba, incluyendo desde luego a los poetas más jóvenes que no saben ni quieren saber quién es López Velarde.

El inmueble es propiedad del Gobierno de la Ciudad de México, y el permiso que tenía la Fundación Casa del Poeta, I. A. P.  para administrar el lugar, se había vencido desde 2023, y hasta 2025 lo administró con un Permiso Administrativo Temporal Revocable.

Es decir, se estaba protestando por algo que sólo existía en los recuerdos de artistas que por diferentes razones pisaron ese recinto y del cual guardaban momentos muy gloriosos y agradables; claro, no a todos les fue bien en la feria. Según el poeta y editor Andrés Cisneros de la Cruz (Nandi Xan), cuando María Rivera era directora del lugar lo corrió porque pensó que estaba vendieron libros dentro del local (“La otra historia detrás de la Casa del Poeta Ramón López: elitismo, discriminación, violencia, derechización y desprecio a la poesía no oficialista”).

Ya no somos los mismos. El día de la protesta busqué, a partir de las fotos de perfil de Facebook a algunos poetas y narradores conocidos, pero nada; sólo algún gesto, la forma de los ojos, la mirada.

Había unos poetas con los que me tocó leer alguna vez en la casa del poeta o en la Ciudad de México o en Chiapas, pero no los reconocí.

Lo supe porque al día siguiente de la publicación algunas personas que había llegado a la protesta subieron fotografías de grupo con nombres, y ahí estabas mis amigos, sólo que con un cuerpo y un rostro muy distinto. Los oficios del tiempo.

Él. Ramón López Velarde estuvo en la protesta, en el parecido con el actor Arturo Beristain quien propuso cambiar el nombre de la avenida Álvaro Obregón por el del poeta zacatecano que lo poseyó por unos minutos:

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra./ Yo lo sacara al día, como lengua de fuego/ que se saca de un íntimo purgatorio a la luz;/ y al oírlo batir su cárcel, yo me anego/ y me hundo en la ternura remordida de un padre/ que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra./ Placer, amor, dolor…, todo le es ultraje/ y estimula su cruel carrera logarítmica,/ sus ávidas mareas y su eterno oleaje./