Más daños que beneficios prohibir peleas de gallos: gallero

Jorge Juan García Ramírez, Estuard

Jorge Juan García Ramírez, Estuard

Por Máximo Cerdio

Jojutla, Morelos; 13 de julio de 2026. La gallística o tradición de la crianza y pelea de gallos en México tiene más de 300 años y en el mundo más de 2 mil 500 años. En Morelos, genera cientos de empleos, ya que incluye entre muchos otros sectores, la venta de alimentos especializados, vitaminas y medicinas, accesorios para las aves y el cuidado de éstas.

Si en Morelos llegaran a prohibir las peleas de gallo se generarían más problemas que soluciones, se fomentarían las peleas clandestinas, de traspatio, las peleas privadas. Esto ocasionaría violencia, drogadicción, lavado de dinero. Además, todos los que nos dedicamos a esta tradición nos veríamos favorecidos porque nos llamarían más seguido a Guerrero. Los gallos son una actividad y tradición muy arraigada, que jala a mucha gente y que genera una gran cantidad de empleos que ni el gobierno municipal y estatal ni las empresas privadas pueden generar, aseveró Jorge Juan García Ramírez, cuidador y criador de aves de combate.

Jorge Juan García Ramírez, conocido como Estuard, es cuidador de aves de combate o “pastor”, como se llama en la jerga de esta tradición y también criador, pertenece a la Sección Nacional de Criadores de Aves de Combate, cuenta con más de 8 años en el oficio y representa, con Alfonso Genis, la zona sur del estado con el “Partido Tilingo & Compuerta”.

Como pastor, “pone” los gallos. Su trabajo es recibir los gallos de sus patrones, los dueños de los gallos, en un lugar que tenga las condiciones de clima y espacio que se requieren. Enseguida, hay que aplicarles un tratamiento llamado «cotidian», que son preventivos y que consta de desparasitación, vitaminas o antibióticos; después alimentarlos con un alimento especial y vitaminarlos, también con vitaminas especiales.

Hay varias fórmulas para alimentar a los gallos, se basan en 7 u 8 semillas, como el Red Force, que tiene 18 semillas y pellets con alta proteína, el costal de 22 kilos cuesta más de mil pesos; también se les da alimentos y manzana, plátano, agua limpia.

Según Estuard, todos los días, antes de las de 7 la mañana comienzan los trabajos con la limpieza del área llamada “voladeros”, donde estarán los gallos. Se les saca de sus “descansaderos”, que son como departamentos, porque tienen que estar solos, con un espacio para ellos, luego se llevan a los voladeros (jaulas de metal) y se les da agua limpia (al menos tres veces al día) y alimentos. Más tarde se les tiene que entrenar con ejercicios especiales como la rampa, etcétera. Ya por la noche se les pone en sus descansaderos individuales, en donde deben estar en las mejores condiciones para que puedan descansar bien.

Los gallos de combate son como los atletas de alto rendimiento, tienen alimentación, cuidados y entrenamiento muy estrictos y puntuales, para que puedan dar lo mejor en el palenque.

Deben llegar sanos, limpios, frescos, en condiciones óptimas, esto para ganar derbis o torneos.

Los gallos hacen ejercicios diversos para fortalecer sus piernas en una rampa, rascan y también vuelan para fortalecer sus alas y durante el día se rotan en los voladeros.

El cuidador dijo que hay entre cinco y 10 familias que dependen de los gallos en esta sección de la tradición gallera: los criadores de gallos, los que reciben los pollos y los cuidan y alimentan en lugares especiales y con alimentos y vitaminas especiales, los que limpian, hasta que el pollo llega al año y ya es un macho.

También están los entrenadores, pastores, amarradores, soltadores, punteadores, es decir, quien lleva al gallo con mucha energía y disposición al ruedo, para que amarren las navajas y lo suelten para combatir.

Desde luego, las industrias de los alimentos de los gallos, las medicinas, los accesorios para amarrar, las navajas, etcétera.

Según el pastor, para llevar a los gallos a los palenques no se pueden transportar como las gallinas, que en una sola jaula van muchas.

“Desde un día antes del palenque, a nuestros gallos les damos de comer por la tarde. Deben pasar esas horas muy relajados, nosotros no hacemos fiestas, no hacemos ruidos ni escándalos para que los gallos no se alteren. Por la mañana los subimos en contenedores especiales, individuales y con aire acondicionado. Hay familias que prestan este servicio de transportación de gallos de pelea. Llegando al palenque los hidratamos y esperamos a que comience el proceso de pesaje y después el sorteo para los combates. Quienes pesan y hacen el sorteo también cobran por ello. A los gallos se les da un poco de alimento si se necesita, para que no vayan con estrés”, explicó.

Según él, en esta tradición participan quien arma los palenques, quien pone las gradas, las sillas, quien limpia antes y después de instalar las estructuras, quienes instalan, los que cuidan, los que vigilan, los que venden bebidas, comidas y botanas.

“Tuve un gallo que ganó 8 peleas, procuramos no ponerles nombre, porque eso nos hace que nos encariñemos y sabemos que nos dolerá mucho si pierden en combate. Cuando vas a un torneo vas a ver la conservación de la especie, casta y poder, el gallo bueno se queda, el malo no. No se trata de belleza, ni de estatus, ni de ver cómo los animales se quitan la vida”, explicó el cuidador y criador.

A los gallos que sobreviven se le pone antibiótico, se les cura, si tiene heridas grandes se les cose.

Jorge Juan García Ramírez relató que tiene 35 años, es padre de familia y hace 8 años un amigo suyo, a quien le dicen Pillo, del Rancho Las Compuertas lo llevó a un palenque y ahí se dio cuenta que esta tradición es muy bonita y decidió que se dedicaría a esto.

También cría gallos, los juega y los vende, además, en este negocio ha aprendido a amarrar y a soltar y también a hacer varias actividades que tienen que ver con esta tradición.

En Morelos, hay dos razas principalmente, el Asil (o Aseel), que viene La India y que es una de las razas más antiguas del mundo y los Pulgaderos o Navajeros, que engloba razas como las españolas o las cubanas.

En el mercado local, un gallo de combate cuesta desde 2 mil, 5 mil y hasta 12 mil; pero hay gallos americanos que cuestan 45 mil o 60 mil pesos.