Ana y el Monstruo

Ana Delgado

Ana Delgado

Por Máximo Cerdio

Cuernavaca, Morelos; 14 de septiemrbe de 2026. Desde que mi esposo y mi hijo desaparecieron no he encontrado paz en mi corazón. Me consuela pensar que ya, pronto, voy a poder estar con ellos allá, no sé dónde, pero sé que me voy a reunir con ellos, eso me dijo Ana Delgado ese sábado 29 de agosto que platicamos en la cafetería la Barranca, de la Casona Spencer, y luego de que conversamos sobre mi amigo Rodrigo Morales Vázquez.

Alma Berenice González Marín me había dicho que Ana quería que le contara por qué le decían el Monstruo de San Antón a Rodrigo, después de que la mujer de la tercera edad se había ofrecido para bordar el retrato de él en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, el 30 de ese mes.

Llevamos los retratos con las madres buscadoras y ellas escogen que quieren bordar, algunas a sus propios familiares otras a personas que no conocen, pero que son desaparecidos o asesinados, me dijo Berenice.

Rodrigo era un hombre alto y fuerte, pero no le decían el Monstruo nada más por eso, sino porque era un delincuente, asaltaban, robaban, se drogaba en San Antón y en los barrios aledaños. Pero un día se volvió “bueno”, comenzó a ayudar a sus compinches, a los muchachos y al barrio, llegó a ser incluso ayudante municipal y uno de los líderes ambientalistas del asunto de Loma Mejía.

Ana se sorprendió por la historia del Monstruo.

“Yo lo quería mucho, era mi amigo, una gran persona, y desde el 22 de septiembre de 2021 que lo asesinaron allá por Chamilpa, no he sabido nada. Nosotros los amigos de las víctimas no tenemos derecho ni a pedir una explicación”, le dije entre lágrimas.

Tal vez como consuelo por mi dolor, Ana me contó parte del suyo.

Su esposo, Delfino Morales Ortega, de 64 años, y su hijo Francisco Morales Delgado, de 32 años, desaparecidos en noviembre de 2012, en Iguala: iban a trabajar y desde ese mismo día que se fueron ya no regresaron.

Durante ocho años ella y principalmente su hija Nidia Morales Delgado, estuvieron buscando a Delfino y Francisco, hasta que un día le notificaron que debía ir a la Ciudad de México porque, al parecer, habían encontrado el cadáver de su marido.

Fueron, con Nidia, a identificar el cadáver y ahí mismo les dijeron había un cuerpo que probablemente correspondía al de su hijo. Luego de que se realizaran las pruebas de ADN les confirmaron que efectivamente se trataba de sus familiares.

Las madres buscadoras habían dado con el paradero de los cuerpos en Guerrero.

La familia era de Cuernavaca y su esposo era un sastre muy conocido, tenía mucho trabajo en diferentes partes de la república mexicana. En ese entonces le habían hecho un encargo en Iguala, Guerrero.

Desde que desaparecieron ellos fue una cosa terrible. No ha descansado, sabiendo que le dijeron que los cuerpos encontrados correspondían, según el agente del Ministerio Público, a su esposo y su hijo.

“Tengo momentos tranquilos, pero eso es en mi pensamiento, porque en mi corazón todavía están, y todavía sigo esperando a mi esposo y a mi hijo. Hay un vacío que no se puede llenar con nada, una ausencia que no se entiende, pero se siente, una angustia y un dolor que llega en los momentos menos esperados, en los lugares donde no tendría que llegar; una pesadez que no se sabe en qué dirección llega. Te quita todo, te hunde en la tristeza, en el dolor, en la angustia”, platicó la mujer.

También explicó que sabe que muchas madres o esposas cuando encuentran a sus seres queridos tienen consuelo, tienen la certeza de que fallecieron, los entierran o creman, y con eso cierran un ciclo, pero lo suyo es diferente.

“Yo no tengo paz porque yo los vi cuando se fueron a Iguala y ya no los volví a ver, a mí me enseñaron pedazos de restos, y esos no eran ni mi esposo ni mi hijo a los que yo vi entonces. Mi corazón no tiene consuelo”, afirmó.

Ana platicó que desde que desaparecieron sus familiares comenzaron a vincularse con los colectivos de búsqueda y pertenecieron a uno o a dos, y ahora están con las madres buscadoras, con Ángeles Buscándote. Ayudan porque saben que es muy importante, buscan a desaparecidos, los desaparecidos son de todos los familiares. Cuando encuentran es uno menos, si dejan de buscar se quedarán perdidos: Los desaparecidos no tienen a nadie, la autoridad no busca, solo están las madres buscadoras y los demás familiares. Su propósito es encontrarlos.

En noviembre, como cada año desde que desaparecieron, Ana Delgado esperará que su esposo Delfino y su hijo Francisco, la visiten. Y quizá también Rodrigo le vaya a dar las gracias por el retrato que bordó en la manta, aunque no lo conoció, el Monstruo de San Antón también dejó un vacío muy grande en sus seres queridos.