El murmullo de Agustín Lorenzo en Tetelpa

Federico Flores Figueroa
Por Máximo Cerdio
Tetelpa, Zacatepec; Morelos; 14 de septiembre de 2026. Agustín Lorenzo es algo vivo en Tetelpa: recorre las calles como un murmullo.
La obra, que formaba parte de las festividades en honor la Virgen de la Purísima Concepción, en diciembre, con danzas tradicionales, quema de castillos de pirotecnia elaboración de vistosas flores hechas a mano para honrar a la deidad, está en la memoria fragmentada de algunos pobladores que participaron en esta representación teatral en verso, en quienes no fueron parte de la obra, pero la conocen de oídas y en las nuevas generaciones que repiten lo que escucharon de los adultos: que el libreto está maldito.
El último Agustín Lorenzo
Federico Flores Figueroa, oriundo de Tetelpa, tiene 65 años, es profesor jubilado, fue el último actor que representó al personaje principal en la Loa a Agustín Lorenzo versión corta, en Tetelpa, pueblo originario del municipio de Zacatepec.
En entrevista, expuso que, hoy más que nunca, sería oportuno revivir la escenificación por las circunstancias que atraviesa el estado y el país.
Relató que a comienzos del año 2000 el profesor Amando Gómez Galarza, quien lo escogió para representar a Agustín Lorenzo.
No fue en una festividad en el atrio de la iglesia de San Esteban, como se hacía en muchos años atrás, como parte del ciclo de fiestas patronales dedicadas a la Inmaculada Concepción de María, cada 8 de diciembre, sino en las canchas de fútbol. Tampoco fue para la Virgen, sino porque la Dirección General de Culturas Populares (DGCP) de la Secretaría de Cultura estaba filmando un video comunitario para una muestra de las tradiciones de este pueblo indígena.
La loa duraba dos o tres días, y en esta ocasión la redujeron a dos horas, contó el entrevistado.
Tenía 35 o 40 años que había dejado de montarse, pero en esas circunstancias y en esos años le ofrecieron el papel protagónico de Agustín Lorenzo,
Participaron alrededor de 50 actores, se hizo por la tarde noche y parte de los diálogos era en verso y también había frases en náhuatl.
El entrevistado no recordó el nombre de los personajes que participaron, ni fragmentos de los parlamentos,
Según Federico Flores, la obra trataba sobre algunos pobladores que comenzaban a levantar en armas contra las injusticias que cometía con el pueblo el gobierno sometido por los españoles, se hablaba de cómo estaban saqueando el oro y la plata de nuestro país.
Había muchas partes mágicas o paranormales que se desarrollaban en la historia, una de las más fuertes es cuando le dan a Agustín Lorenzo un manto con el cual podía desaparecer a voluntad cuando lo perseguían para matarlo.
“Yo quedé muy complacido y contento con esa representación y, definitivamente, me marcó, porque me hizo reflexionar, me abrió la mente y a partir de ahí tuve más conciencia de lo que es el pueblo, de lo que somos, de nuestra lucha”, dijo el entrevistado.
Desde esa fecha no se ha vuelto a poner en escena esa pieza de teatro.
Según él, esta loa se fue pasando de generación en generación, de boca en boca y de manera escrita, a través de cuadernillos con textos escritos a mano que circulaban en la comunidad. Pero no era una obra cualquiera: llevaba una fuerte carga de resistencia social que, de alguna manera, chocaba con los intereses del gobierno. Además, hablaba de temas mágicos y paranormales, algo que tampoco veía con buenos ojos la Iglesia. Por eso, la prohibición habría venido por los dos lados: del gobierno y de la Iglesia.
A esto se sumó un rumor que no se sabe si fue desatado por el gobierno o por la iglesia o por los pobladores: decían que la loa estaba maldita, ya que cuando se presentaba algo malo ocurría a los actores principales o de reparto.
De acuerdo con Federico, en diciembre de 1991, se hizo la representación extensa de la Loa, en unos terrenos del profesor Amando.
“Después del evento, uno de mis sobrinos, Israel Hernández Flores, que participó en la loa, como actor de reparto, iba a caballo y llevaba un machete enfundado en la silla del caballo. Dejó su caballo amarrado en un árbol y tres muchachos sustrajeron el machete de la silla, mi sobrino dio parte al responsable de la vigilancia, llamado Gregorio, y él junto con pobladores buscaron a quienes habían robado el machete. Al poco rato lo localizaron y el vigilante lo llevaba con el brazo alrededor del cuello a una cárcel comunitaria, entonces uno de los amigos de este muchacho le dio una pistola y el muchacho que había sido capturado y era llevado a la cárcel, disparó contra el responsable de la vigilancia y lo mató. Los pobladores detuvieron a quien baleó al vigilante y lo golpearon mucho, y también detuvieron a otro, el tercero escapó”, platicó.
Antes de que ocurrieran estos hechos, ya había rumores de que era una representación que los pobladores no veían con buenos ojos por los temas que se abordaban: rebelión, magia, cosas sobrenaturales, y con el lamentable asesinato del vigilante se reforzó el miedo o la falta de interés en esta obra.
“Yo desde que era niño jamás vi la obra, es decir, 40 años antes de estos hechos yo no sabía de la loa porque no la vi”, explicó el entrevistado.
Federico Flores Figueroa dijo que si se volviera a representar la obra está en disposición de participar como actor u organizador, porque hoy más que nunca es importante para la comunidad: “la obra decía algo, tenía algo, nos movía”, afirmó.
También dio a conocer que revivir la obra sería un gran homenaje al profesor Amando Gómez Galarza, quien trascribió varios cuadernos con textos del guion escritos a mano y los pasó a máquina, además de dirigirla.
Pedazos de recuerdos: Mario Barberi Escobar
El jueves 20 de agosto, durante nuestra plática sobre Agustín Lorenzo, al maestro Federico Flores Figueroa se le olvidó la fecha en que el profesor Amando Gómez Galarza había muerto.
Me dijo que iría al panteón comunitario a verificar ese dato, y le pedí acompañarlo. Aceptó.
El sábado 22 de agosto nos vimos en el cementerio comunitario y a pocos metros de la entrada estaba la capilla: blanca con barandales negros de metal. Ahí estaban enterrados familiares del profesor, como su mamá.
Lo primero que me dijo fue que observara la placa: 6 de febrero de 1938-6 de febrero de 2021. Murió el mismo día que nació.
Luego me platicó que el maestro, originario de Guerrero, fue muy activo en Tetelpa, había formado músicos y una rondalla o estudiantina, por eso le mandaron hacer, en granito, una escultura de guitarra localizada en su capillita.
El maestro Amando Gómez Galarza le dio forma al libreto de Agustín Lorenzo para la representación de Tetelpa. Recopiló cuadernos que resguardaban los pobladores, donde había partes del libreto de la obra, los transcribió, les dio forma y lo los pasó a máquina de escribir.
El investigador e historiador Víctor Hugo Sánchez Reséndiz me relató en una con versación telefónica, que una de las pocas veces que el maestro Amando aceptó que le sacaran copias al guion o libreto de la loa fue él con los originales del texto que había mecanografiado y que le dijo a la persona que sacaba las copias que él las sacaría: no permitía que nadie más lo tocara, porque podía ser víctima de la maldición, ya que Agustín Lorenzo estaba “pautado” (o “empautado”), es decir, había hecho pacto con el Diablo.
Después de visitar la tumba en el cementerio, nos dirigimos unos metros delante, a la calle Degollado. Nos bajamos de los autos y el maestro Federico se paró frente a una vivienda y preguntó por Martín.
En el patio había varios muebles acumulados, viejos o para reciclarse, una mujer con vestido azul y mandil, a la que nunca le pudimos ver el rostro, que escombraba, contestó que su esposo estaba descansando.
Federico le dijo que quería que le platicara lo de Agustín Lorenzo. La mujer no respondió y siguió escombrando.
Un hombre canoso con pijama de reno navideño y pans de franela a cuadros salió desperezándose y respondió al llamado de Federico, se saludaron y bromearon.
Mientras conversaban, la mujer continuaba moviendo objetos y rumoraba algo así como “siempre hay un muerto cuando hablan de ese señor”.
Mario Barberi Escobar, a quien el profesor Federico llamó por el sobrenombre de Queso, de 77 cumplidos, nativo de Tetelpa fue carnicero toda su vida.
El profesor Florencio preguntó si recordaba su participación en la Loa a Agustín Lorenzo en 1991 aproximadamente.
Mario se quedó callado, con los ojos mirando más de sesenta años atrás, hacia un lugar lejano. Buscaba algo que correspondiera a la pregunta que le habían hecho y cuando encontró algo así como la punta de una madeja hecha con trozos de recuerdos, comenzó a jalarla, pero estaba muy corta.
”Hablábamos con los indios, jalar personas. Se agarra a un guacalero y se le dice: ‘Que se quites de guacalero, que le va a dar otra profesión que te deje dinero. Si te vuelvo a encontrar te confiesas animal porque te mando matar’. Eso lo decía yo como Agustín Lorenzo. ¡Vaya, como el Diablo!”
Mario dijo que él representaba a Agustín Lorenzo y vestía de charro, siempre iba a caballo, armado, se enfrentó a los españoles.
“Es una obra muy grande, y hay mucho de qué hablar, pero a esta edad. Ya se me fue la cuerda, estaba joven todavía. Ya los años pasan. Un personaje era Gonzáles Tierra Adentro”, recordó.
De acuerdo con el entrevistado, en la obra se hablaba de las grutas de Cacahuamilpa, donde se escondía Agustín Lorenzo:
“Recuerdo algunos nombres como el de Israel, se fue para Tijuana. La representación duró como ocho días, muy cansado, a caballo”, rememoró.
También dijo que si se volviera a representar la obra asistiría porque cuando actuó le gustó mucho:
“Se tiene ya por experimentación que esa obra donde se presenta siempre hay difunto, matados, pues. A unos de Panchimalco les prestaron los cuadernos donde estaba el libreto. Cuando terminó la obra, mataron a un hombre. Yo nunca le di importancia a esa habladas, siempre trabajé honradamente”, relató.
-¿No tiene usted miedo?
-¿Yo? No, es el pecado más grande, no le tuve miedo a un toro bravo cuando monté.
Virginio el Plateado
Otro participante de la loa es Virginio Ochoa Zavala, 79 años, nativo de Tetelpa. Ese mismo día lo fuimos a visitar con el profesor Florencio a su casa, cerca de la parroquia.
Representó el papel de Plateado, de la tropa, en dos puestas: la corta, del año 2000 en la que Florencio fue Agustín Lorenzo y en una más antigua, de los años sesenta (1961), donde Mario Medina tuvo el papel principal.
Cuando nos apersonamos con el profesor Florencio en su casa, nos atendió Virginio amablemente. Nos hizo pasar. Vestía una camiseta blanca y pantalones grises de mezclilla, zapatos de hule. Caminaba con dificultad, y cuando el profesor le preguntó si recordaba algo de la loa respondió que a él siempre le gustó actuar y salía en todas las representaciones.
Sobre la loa, dijo que él tendría unos 18 años cuando participó por primera vez. Por los 79 años que tiene, dedujimos que el año en que se montó la obra y participó como Dorado fue en 1961, aproximadamente.
Según Virginio, la escenificación duró dos días y se hizo en unos campos, y no recordaba nada de lo que decían:
“Peleábamos contra el gobierno. Agustín Lorenzo peleaba contra el gobierno, porque los españoles estaban saqueando el oro, la plata, de la nación, decían que era bandido, pero no, era protector de la nación, ayudaba a mucha gente”.
También recordó que Guadalupe Domínguez era el padre de Agustín Lorenzo: “se ponía en contra Agustín, lo que ría someter, a que hiciera lo que le correspondía, iba por edades, y en una ocasión le mandaron un citatorio, que fuera ala ayudantía porque le tocaba hacer su servicio militar”.
Dijo que desconocía si hay interés en representar de nuevo la obra:
“Venían unos de Galeana a sacar la obra, la gente de acá ya no. Eran libretas donde estaba anotada la obra”, recordó.
Quieren revivir la loa
A los entrevistados Federico Flores Figueroa, Mario Barberi Escobar y Virginio Ochoa Zavala les gustaría que se montara de nuevo la obra, aunque por la edad solo participaran como espectadores, como lo han afirmado.
Pero hay otros personajes relacionados con la cultura y las tradiciones de este pueblo indígena como Pablo Paredes Ocampo, maestro de náhuatl, pitero y coordinador de los Tecuanes de Tetelpa y Zenón Ortiz Anonales, ex ayudante municipal y varias veces miembros de comités para las fiestas patronales, dijeron que sería un acierto rescatar esta representación porque es parte de las tradiciones del pueblo.
La maldición
En Tetelpa, la Loa a Agustín Lorenzo se dejó de representar hace más 30 años. Pocos recuerdan algunos fragmentos del libreto, pero una gran parte de los adultos saben quién es este personaje y aseguran que cuando se representa siempre hay algún muerto.
Algunos pobladores que participaron en la puesta en escena tienen pedazos de la obra en la memoria, así se pudo observar durante las entrevistas con Federico Flores Figueroa, Mario Barberi Escobar y Virginio Ochoa Zavala.
Hay varias constantes en relación con esta pieza de teatro campesino: Agustín Lorenzo es el Diablo, pero es un diablo que ayuda al pueblo; el libreto está maldito; la gente cree que, cada que se representa la obra, alguien muere, unos tienen miedo, otros lo ven como parte del folclor.
“La gente no me pudo contar bien cómo era la loa, personajes principales, escenas significativas, no recordaban”, le comenté en una plática al maestro Agur Arredondo Torres, investigador e historiador, luego que acabé tres entrevistas en Tetelpa.
“No recordaban o no te quisieron contar, son cosas muy diferentes”, me respondió.
En “La Loa a Agustín Lorenzo. La tradición de la palabra escrita en el Sur”, del libro Agustín Lorenzo: territorio, cosmovisión y resistencia, de Víctor Hugo Sánchez Reséndiz y Armando Josué López Benítez (coordinadores), en la página 307 Víctyo Hugo relata que en Tetelpa, el profesor Amado Gómez que estaba en posesión del libreto y no dejó que lo tocáramos, ya que al ser Agustín Lorenzo un empautado, podíamos recibir daño.
En Puente de Ixtla, la señora Rosario, hija de don Heriberto Pedroza Flores, el maestro que montaba la obra, si bien ya no creía del todo en dicha creencia, si mantenía ciertas reservas respecto al texto y narraban que su padre no les permitía tocar el libreto.
En la introducción de Agustín Lorenzo: territorio, cosmovisión y resistencia, Víctor Hugo Sánchez Reséndiz y Armando Josué López Benítez (coordinadores), Víctor Hugo Sánchez Reséndiz refiere un relato de Greg Berger, de lo que le sucedió en Jumiltepec, cuando subió a la cúpula de la iglesia y se puso a platicar con el viejo campanero: Un día hace unos diez años, fuimos a visitar a una amiga de Estela, pero ella estuvo asistiendo a una misa en el pueblo y la tuvimos que esperar. Yo aburrido, salí de la iglesia del pueblo, y vi una escalera que subía al techo de la capilla. Yo sin discreción alguna, subí al techo de la iglesia donde un señor de muy avanzada edad estuvo tocando las campanas en los momentos correspondientes de la misa, lo cual evidentemente era su cargo según el costumbre de muchas comunidades. Me indicó que no había ningún problema que yo estuviera, y empezamos a hablar de su cargo, y de los costumbres de Jumiltepec. En algún momento me dijo, “Ese tipo allí abajo no sabe de Dios, el verdadero Dios. “¿Quien?” Le pregunté.
“Ese sacerdote, tan joven. Él no entiende que para saber de Dios uno tiene que caminar con dos pies, uno de la luz, uno de la oscuridad. Hay gente que si lo entiende”. Le pregunté: “¿Cómo quién?” “Como Agustín Lorenzo”, me dijo. “Él sabía que hay que seguir la luz y la oscuridad también. Este sacerdote no lo entiende”.
