Sobrevive juego de canicas en Xoxocotla

Policía enseñando técnica a niños
Por Máximo Cerdio
Xoxocotla, 12 de agosto de 2026. En la Escuela Secundaria Técnica número 9, Texmatlani, el 17 de junio hubo un torneo de canicas, esto en el marco de la «Feria de Ciencias, Saberes y Comunidad», organizado por la propia secundaria, con el objetivo de acercar el conocimiento y el diálogo de saberes directamente a las juventudes de la comunidad.
Entre los asistentes estaban exalumnos de la primera generación, que en el mes de julio va a cumplir 50 años de haber salido de las aulas.
Este grupo de veteranos integrados por Martín López Rojas, Enrique Díaz Carpanta, Julio Tamarindo Flores, Crisóforo Paredes Ocampo, Alejandrino Jorge Corona, y Alfredo Quintana Rafael, serían los jueces y asesores de los participantes.
Se apuntaron cuatro niñas y 16 niños, para el torneo, y se formaron cuatro grupos.
En terreno de juego, a un costado de las oficinas de la dirección, se trazaron cuatro rombos con sus respectivas rayas.
Antes de la competencia Martín López Rojas explicó en qué consistía el juego y algunas reglas básicas.
Aunque hay modalidades, como el hoyito o la rayuela, en esta ocasión jugaron al Rombo o “Ron”, que consiste en trazar un rombo pequeño en el suelo. Las canicas se colocan en el perímetro de la figura, y el lanzamiento inicial se hace desde una raya trazada como a tres o cuatro paso de distancia.
Las reglas no se entendieron en un inicio, pero conforme el juego se iba realizando, los expertos explicaban a los chamacos qué se podía hacer, qué no se podía, cuándo y cómo.
Los exalumnos veían con extrañeza que la mayoría de los chicos arrojaban las canicas, no las lanzaban con los dedos, sin mover la muñeca y el brazo: “¡Así no, no están tirando piedras, están jugando canicas!” señalaban.
La competencia estuvo muy reñida porque había al menos 8 muchachos y dos chicas que sí tenían algo de práctica en este juego.
El torneó se prolongó por más de una hora y media, y al fin salieron seis ganadores, entre ellos dos niñas.
El primer lugar se lo llevó Daysi Gabriela Cabrera Huerta, del primer año, grupo “C”. A los seis le tocaron regalos: audífonos, bocinas, relojes.
Martín López explicó que, en el municipio indígena de Xoxocotla, cuando eran niños el juego de canicas servía para divertirse, para hacer amigos, para conocer más amigos y para compartir el tiempo con los demás:
“Yo recuerdo con mucha nostalgia el juego de canicas, hice muchísimos amigos, me divertí mucho, y algo que no olvido es que este es un juego de la inocencia. Ahora ya se acabó todo eso, los chamacos prefieren sus celulares”, puntualizó.
Adultos mayores, profesores, niños y niñas se divirtieron mucho con éste, que es uno de los juegos tradicionales y populares más antiguos del mundo, cuyo nombre, según se sabe, proviene del germano knicher (bola con la que juegan los niños) o canica, y se conoce en Sudamérica como “bolitas” y en el Altiplano mexicano como “cuirias” o “cuicas”, en Nayarit son “pichas”, cada región o país o comunidad les da un nombre diferente.
Clases y nombres
No todas las canicas son iguales: las ordinarias miden 1.5 cm, aunque había más pequeñas y otras de mayor tamaño llamadas chibolas o caniconas, de entre las normales están el tirito, de color opaco o de un solo color; el perico, que es blanca con líneas onduladas de colores que asemeja el plumaje de esa ave y las ágatas u ojitos de agua, transparentes, de colores muy brillantes en su interior.
La mayoría era de vidrio, pero también había de barro y de piedra, incluso de metal y se llaman “balines”, usados en baleros de metal y demás rodamientos mecánicos.
Se jugaba en un espacio plano, abierto, de tierra, que podían ser las calles de los barrios o el patio de alguna casa.
Las medidas que delimitaban el terreno de juego se marcaban con pasos (cada paso era aproximadamente un metro) y con cuartas: de la punta del meñique a la del pulgar con la mano extendida (de 12 a 15 centímetros en la mano de un niño), y se trazaban las líneas con un pedazo de rama, hueso o punta que uno encontraba en el lugar.
Las técnicas de lanzamiento era una sola, de huesito: se fijaba la canica entre la falange del pulgar doblado, el dedo medio y el índice.
Había otra técnica anómala, por decirlo de alguna forma, y era de uñita: se colocaba la canica entre la uña del pulgar y el hueco formado por la curva del índice.
Para los niños esta manera estaba casi prohibida, le correspondía a las niñas, pero había niños que tiraban de uñita y eran muy certeros.
Breve historia de las canicas
De acuerdo con la revista México Desconocido, las canicas se han jugado en todo el mundo prácticamente desde que el hombre descubrió que un guijarro redondo podía rodar.
Se han encontrado pequeñas pelotas de barro de la Edad de Piedra; los niños egipcios y romanos las jugaban, según constancias que se encuentran en el Museo Británico, al igual que los pequeños europeos de la Edad Media. En Frankfurt, Alemania, hay un museo de canicas y en Australia aún se realizan torneos nacionales.
En el mural de Tepantitla, en Teotihuacan, se aprecia un grupo humano jugando con bolitas; sin embargo, en Latinoamérica el juego como tal es de origen español.
Sintaxis del vaguito
Hasta entre los caniqueros hay clases. Los jugadores de canicas se pueden clasificar en tres grupos: los principiantes, los ordinarios y los vaguitos o experto. Si hay más de dos vaguitos en la cuadra es un lujo verlos jugar entre ellos.
Se les conoce desde lejos, tienen un aire de superioridad en su caminar, en su mirada.
Nadie les da un documento de expertos, todo se demuestra en el juego, en los tiros, en la forma de agarrar la canica, en la manera de preparar, de tirar, todo es precisión y estilo.
Llegaron a ese estatus no solo practicando, hay que tener una especie de don de Dios o de la naturaleza para con seguir un tino y una fuerza extraordinaria.
La maldición del vaguito era no poderse enfrentar con los jugadores ordinarios, menos con los principiantes, debería jugar con sus iguales o buscar otro barrio donde no lo conocieran.
Jugar con un principiante era un deshonor para el vaguito, igual o peor que el niño que pierde en buena lid sus canicas y lleva a su mamá para que los chamacos se las devuelvan.
Un vaguito no era nadie sin su tiro, su canica preferida, la que lo había elegido para darle gloria. Estaba hecha para él, para sus dedos, para su fuerza, para su ángulo y su ojo.
El peor enemigo del vaguito era su hermano mayor, que siempre andaba buscando cómo robarle su tiro, escondérselo o destruirlo.
El vaguito cuidaba como a su propia vida su tiro, cuando éste se rompía, el vaguito desaparecía por días hasta que encontraba otro.
