El Mundial que no Jugamos

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Por Miguel A. García.
¿Qué mirás, bobo? Andá para allá. — Lio Messi
El Mundial que no jugamos es un artefacto narrativo propuesto por el colectivo de las Letras Insomnes. Su libro nos remonta a esas cascaritas donde los involucrados se ponen de acuerdo, pintan sus porterías, señalan sus reglas y comienzan a jugar. En el texto distinguimos a escritores consagrados, veteranos y novatos; los vemos saltar a la cancha uniformados, organizados y motivados. Entre ellos se acomoda el balón, que lo mismo rebota por las calles empedradas de un Pueblo Mágico, por el asfalto de una metrópoli, o en canchas de otros planetas. La fanaticada enardecida bebe hasta ahogarse o sigue atenta a las jugadas que podrían terminar con la destrucción del planeta, provocar un autogol inesperado, o incluso un asesinato. Otros fanáticos, los menos, se refugian en las butacas de un cine solitario para evadir los nervios. Desde la primera historia hasta la última, los escritores juegan con el lector paseándolo por las bandas y rematando con fuerza desde las grietas de una sociedad que no encuentra certezas y solo atina a refugiarse en el ocio; a estas alturas del partido, ¿dónde más?
Mientras disfruto de una pausa de hidratación, de esas que se toman frías y que saben amargas, me pregunto: ¿qué hay detrás del gol? La respuesta fácil siempre será: depende. Los goles a los que me refiero son de esos que levantan copas, que desatan lágrimas o risas, los mismos que provocan júbilo desbordado o linchamiento colectivo. Cuando pienso en goles, pienso en la cúspide, el objetivo logrado, la deliciosa victoria. Infiero que detrás de ellos hay horas de entrenamiento, sacrificios, planes, ciclos de suplementación y un largo etcétera. Lo cierto es que ineludiblemente, detrás de ese tipo de goles se asoma el siniestro capital. Es ahí donde la película se torna turbia, el brillo se apaga y las chispas se opacan.
Atrás del futbol también hay todo tipo de historias, goles fallados, remates no intentados, miedos paralizantes y por supuesto, mundiales que no jugamos.
Por suerte las palabras están en todos lados, no recuerdo quién decía que quizá son las palabras las que nos piensan a nosotros, pero eso es lo de menos; las palabras están detrás de todo cuanto existe y desde ahí, un grupo de escritores se han organizado para proponerte una serie de textos que miran al futbol como aquél que mira al abismo y es capaz de sostenerle la mirada.
Volviendo a la antología: El Mundial que no Jugamos, cabe reiterar que es una invitación lúdica difícil de resistir. La incipiente editorial Letras Insomnes ha puesto su primer balón en la cancha y todo está listo para el silbatazo inicial. ¿Juegas?
Escritores participantes: Guadalupe Pana Rangel (Defensa Central), Josefina Fabregat (Volante Carril Derecho), Rafa Alvazález (Centro Delantero), Carlos F. Ortiz (Falso Nueve), Don Roberto (Mediocentro Organizador), Efraím Blanco (Volante de Creación), Alex Gracia (Lateral Izquierdo), Emmanuel Lagunas (Pivote de Contención), Aldo Matus (Volante Derecho), Roberto Carlos Garnica (Mediocentro Defensivo), Miguel A. García (Cancerbero), Xalbador García (Director Técnico), Álex Long Yuntao (Preparador Físico), Eduardo Omar Honey (Directivo de Pantalón Largo).
