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	<title>Crónica &#8211; Mochicuani</title>
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	<description>Periodismo digital</description>
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		<title>La tele, el fut y el box</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/05/la-tele-el-fut-y-el-box/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 15:14:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio La manera de disfrutar el futbol, fuera del estadio, ha cambiado mucho. Hace más de cincuenta años este deporte se disfrutaba en la casa, viéndolo en el televisor, un aparato que sorprendería a las nuevas generaciones que hoy todo lo escuchan y lo ven en los celulares. Los primeros televisores tenían pantallas (cinescopios) de 12, 17, 19 [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12582" style="width: 2570px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12582" class="size-full wp-image-12582" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-scaled.jpg" alt="Televidentes" width="2560" height="1638" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-scaled.jpg 2560w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-300x192.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-1024x655.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-768x491.jpg 768w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-1536x983.jpg 1536w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/05/q-tele-y-el-fut-IA-copia-2048x1310.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><p id="caption-attachment-12582" class="wp-caption-text">Televidentes</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>La manera de disfrutar el futbol, fuera del estadio, ha cambiado mucho. Hace más de cincuenta años este deporte se disfrutaba en la casa, viéndolo en el televisor, un aparato que sorprendería a las nuevas generaciones que hoy todo lo escuchan y lo ven en los celulares.</p>
<p>Los primeros televisores tenían pantallas (cinescopios) de 12, 17, 19 y 21 pulgadas. Un modelo de 23 pulgadas hace sesenta años ya se consideraba «pantalla grande», para gente rica o negocios prósperos.</p>
<p>Estos aparatos tenían patitas de madera y casquillos de metal para que pudieran acomodarlo en el piso, en un lugar estratégico de la sala para que todos pudieran verlo. Sólo contaban con dos perillas, la de encendido y volumen y la de los canales; eran mecánicas, nadie imaginaba en ese entonces el control remoto o el Wi-Fi.</p>
<p>Aunque fue inventada a mediados de los años veinte, la televisión a color se dio a conocer a principios de los cuarenta, Guillermo González Camarena fue su creador, pero la primera transmisión oficial a color en México se realizó el 21 de enero de 1963 en el Canal 5, con el programa Paraíso infantil.</p>
<p>Había en ese entonces dos deportes muy populares que la gente veía por estos aparatos: el fútbol y el box.</p>
<p>Los partidos de futbol comenzaban los domingos a las 12 del día. En la sala o en el patio de la casa congregaban a muchos amigos y familiares.</p>
<p>Cuando era temporada de semifinales había más aficionados, y en el juego de ida y en el de regreso de los equipos que se disputarían el campeonato todo el barrio se daba cita en la casa de algún amigo que tuviera tele. Aquello era una fiesta para quienes le iban al ganador y una desgracia para los que perdían.</p>
<p>Al centro, el cinescopio atraía todas las miradas.</p>
<p>Nosotros éramos unos chamacos y encontrábamos siempre un lugar en el piso entre los adultos.</p>
<p>Nos emocionábamos como ellos. Celebrábamos los goles, maldecíamos los errores y llorábamos las derrotas, eso lo aprendimos de los hermanos, de los tíos y de los amigos en las calles de tierra donde casi la totalidad jugábamos fútbol.</p>
<p>Los adultos nos permitían estar con ellos porque les servíamos de mandaderos: nos ordenaban destapar cervezas, nos pedían botanas o que limpiáramos el lugar donde por descuido se había regado ese líquido amargo que olía a orines de caballo.</p>
<p>Desde luego, Algunas veces ya con los tragos subidos a la cabeza los adultos armaban discusiones, pocas terminaban en pleito de perros, había una gran amistad.</p>
<p>Los partidos eran narrados por Ángel Fernández Rugama, «El hombre gol», el mejor locutor de esos años en la televisión mexicana, que narró los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de 1970 en Telesistema Mexicano (Televisa).</p>
<p>El “Gritón” era famoso por su ímpetu y sus frases. Sus narraciones comenzaban con: «¡A todos los que quieren y a todos los que aman el fútbol!» y decía que el fut era «El juego del hombre».</p>
<p>Había en ese entonces varios equipos exitosos: el América, las Chivas y el Cruz Azul, el Atlante y los Pumas eran los que le seguían en popularidad.</p>
<p>En los registros de las ligas de futbol para aficionado, los nombres de estos equipos eran muy solicitados y, desde luego, los apodos de los jugadores de primera división profesional eran ensartados a los participantes de fútbol llanero, por su parecido físico o porque tenía el estilo o alguna característica: El Borja, Nacho Calderón, El “Kalimán» Guzmán y el Reinoso, “El Pata bendita”, “Pelé”, “El Gato”, entre muchos. Ganarse un buen apodo era algo a lo que todos aspirábamos.</p>
<p>La televisión seguía siendo el centro de la diversión para la familia. Las amas de casa veían telenovelas (comedias) y programas cómicos, había también programación para niños.</p>
<p>Cuando el aparato no estaba prendido, señoreaba en la sala entre los sillones y la mesa de centro.</p>
<p>Algunas mujeres les tejían mantelitos y todos teníamos prohibido jugar cerca del televisor o poner cosas como floreros y líquidos sobre la tele.</p>
<p>Pero no en todas las casas había televisión a color. Por años, mucha gente sólo podía comprar televisores en blanco y negro, y para verla “a color”, en el mercado o en algunas tiendas se podía comprar vidrios adaptables a la pantalla, forrados con celofán de varios colores, con lo que daba la impresión de tener en casa tecnología de punta.</p>
<p>En los barrios pobres eran contadas las familias que tenían tele en blanco y negro, y algunas cobraban para ver programas favoritos como Tarzán el rey de los monos o como el Llanero Solitario.</p>
<p>Los sábados por la noche eran de box por el canal 2 de Televisa, narradas por Antonio Andere y Jorge «Sony» Alarcón.</p>
<p>Mi padre rentaba una televisión los sábados por la noche. Invitaba a tres o cuatro amigos, para ver las peleas de box.</p>
<p>Poníamos el aparato arrinconado en una pared de la sala de la casa, y nuestros invitados se sentaban frente a él, en sillas rectas y una mesita con caguamas, botanas y cigarros.</p>
<p>Yo podía estar entre los señores, porque tenía el don de servir la cerveza en sus vasos sin derramar la espuma, técnica que me enseñó mi papá y que yo practicaba con los invitados que la veían como una habilidad particular.</p>
<p>El chiste era pegar la boca de la caguama en la orilla interna del vaso, que debería estar un poco inclinado y verter el líquido. Eso posibilitaba que el líquido no cayera haciendo espuma, sino que se deslizaba por la superficie.</p>
<p>Mi padre gritaba: “jap, jap, gancho. Está recuperando fuerzas, es un fajador; la distancia corta es la suya, el gancho”.</p>
<p>Recuerdo particularmente una pelea que mi papá y sus amigos disfrutaron mucho: José Ángel «Mantequilla» Nápoles, y su grito “¡Mío, mío, mío!”, que se escuchó sobre el ring del Forum de Inglewood, en Los Ángeles, California, Estados Unidos.</p>
<p>El 4 de junio de 1971, después de esperar cinco años, el “Mantecas” había recuperado el título welter contra Billy Backus, a quien venció por nocaut técnico en el octavo asalto, tras una segunda caída del estadounidense en la lona.</p>
<p>Como los adultos, en los años setenta, yo era parte del grupito que se emocionaba con las peleas y los partidos de fútbol frente a la televisión en blanco y negro. Pero yo también veía a ese grupo desde arriba, desde el espacio, en el barrio, y más allá, cerca de las nubes, en la ciudad, y todavía más, donde la gravedad se acaba, como un punto de luz en la Tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Manuel el volador</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/04/manuel-el-volador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Apr 2026 15:17:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Manuel de Jesús Martínez Hérnandez volaba. No era nuestra imaginación, entre el suelo y el cielo surcaba el aire con los brazos extendidos y las piernas ligeramente recogidas, con todos sus ojos dirigidos hacia el balón.</p>
<p>Lo que duraba segundos, para nosotros era un tiempo alagartado en el que observábamos expectantes cómo la mano izquierda tocaba el esférico e impedía el gol coreado.</p>
<p>Nuestro estadio, la cancha de básquetbol, nuestro equipo, una selección de jugadores muy habilidosos en los que no podía faltar Manuel, el Volador.</p>
<p>Éramos cinco en total, contra otros cinco. Se apostaba cincuenta centavos por jugador: cinco pesos, en un enfrentamiento mortal donde sobre la arenilla del cemento liso de la cancha quedaba piel y sangre.</p>
<p>Las reglas del fútbol cambiaban un poco, porque había que adaptarlas a las circunstancias, no solamente las medidas del terreno de juego ni el número de jugadores, también teníamos que modificar el tiempo: de cinco a siete minutos, sin descanso y sin cambios. No había árbitro, no se necesitaba.</p>
<p>No usábamos short, desde luego, ni zapatos deportivos, porque en la secundaria teníamos prohibido llevar tenis en días que no tocaba deportes. Nuestro uniforme era de color blanco y azul, zapatos negros de vestir.</p>
<p>(Mi padre me castigó repetidas ocasiones, no se explicaba por qué desgastaba yo tanto, o en qué, los tacones y la punta de mis zapatos.)</p>
<p>Algunas veces, cuando no llegaba algún profesor ni mandaban adjunto, las retadoras se prolongaban y se jugaban varios partidos hasta agotar la hora.</p>
<p>Cuando los enfrentamientos eran por dinero, los chicos de básquet dejaban de estorbar con su balón y se volvían espectadores, incluso las chicas echaban porras y eso a nosotros nos permitía lucir nuestras habilidades con la pelota e impresionar a las que nos gustaban. Manuel era el que más expectación causaba, no era humano, se volvía un pájaro.</p>
<p>Yo particularmente prefería los partidos en los que la cancha estaba llena de charcos, que teníamos que librar. Los usaba para alterar la velocidad y la dirección de la pelota.</p>
<p>Ninguno de los buenos éramos improvisados, jugábamos fútbol llanero en nuestras respectivas colonias en donde ganábamos campeonatos.</p>
<p>Nuestra pasión por el fútbol la llevábamos de los campos de tierra a las canchas de básquet de la escuela, a las calles de tierra de nuestro barrio y hasta a la cama: todas las noches, ya dormido en mi cama, mi madre me quitaba la pelota de los brazos y también me sacaba de las bolsas de mis pantalones corcholatas, canicas y clavos chuecos y oxidados, cuya utilidad fue para ella un misterio.</p>
<p>Éramos “vaguitos”, es decir, muy hábiles y no cualquiera nos retaba, le habíamos ganado a todos: a los de primero como nosotros, a los de segundo y hasta a los pocos equipos de tercero, cuyo interés estaba más orientado en buscar hembras para aparearse y dar continuidad a la especie.</p>
<p>Manuel era un portento. Conocía el peso y la velocidad de la pelota, además, sabía muy bien hacia donde iría la pelota cuando el contrario la impactaba contra la orilla de la esquina del salón de clases. Manuel achicaba, tendía sus brazos, sus manos y sus piernas como si fuera una mantarraya.</p>
<p>Muchas veces lo vi gambeteando, desde su portería, hasta el arco contrario y hacer goles quebrando al portero.</p>
<div id="attachment_12554" style="width: 1049px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12554" class="size-full wp-image-12554" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/1Manuel-de-nino-copia.jpg" alt="1Manuel de niño" width="1039" height="1514" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/1Manuel-de-nino-copia.jpg 1039w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/1Manuel-de-nino-copia-206x300.jpg 206w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/1Manuel-de-nino-copia-703x1024.jpg 703w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/1Manuel-de-nino-copia-768x1119.jpg 768w" sizes="(max-width: 1039px) 100vw, 1039px" /><p id="caption-attachment-12554" class="wp-caption-text">1Manuel de niño</p></div>
<p>El y yo nunca fuimos contrarios en los equipos llaneros formales de 11 jugadores donde militábamos: eran ligas distintas en barrios separados.</p>
<p>Pero eso sí, como éramos muy amigos nos veíamos fuera de la escuela y explorábamos dentro del panteón municipal que quedaba a pocos metros de donde Manuel vivía.</p>
<p>Muchas veces nos acostábamos boca arriba sobre los mármoles, a encontrar formas a las nubes que flotaban como palomitas de maíz por el cielo azul, mientras comíamos capulines.</p>
<p>Aficionados a las luchas, queríamos ser gladiadores profesionales, él Black Rabbit y yo With Rabbit.</p>
<p>La mamá de Manuel le trabajaba a un profesor de Historia de la secundaria, un abogado con unos lentes cuadrados y pelo negro brillante. Nunca supimos si olía a alcohol por la colonia que se ponía (Old Spice) o porque iba crudo a la escuela.</p>
<p>A sus espaldas le decíamos Kalimán, y era un maldito. Corrió a varios alumnos de su clase porque hablaban cuando él estaba dando algún tema: “¡Si no se largan en este momento, los voy a sacar a chingadazos!”</p>
<p>Manuel y yo, que estábamos más interesados en el fútbol que en estudiar, siempre sacábamos muy buenas calificaciones en Historia, para envidia de los cincuenta compañeros del grupo, que apenas alcanzaban un seis.</p>
<p>Había un juego muy divertido que ahora podría considerarse suicida. Se llamaba El Burro y lo jugábamos de vez en cuando en el recreo.</p>
<p>Nos juntábamos de 10 a quince chamacos por equipo. Uno de los integrantes se ponía de espaldas contra la pared, con las piernas abiertas, mientras su compañero de equipo ponía su cabeza entre las piernas, agarrándose de éstas fuertemente con sus brazos. El siguiente prolongaba esta posición y así, hasta el último, para formar el “lomo” del burro.</p>
<p>El otro equipo se ponía en fila india a una distancia de varios metros, calculando un salto de aproximadamente cinco metros. El primer saltador era generalmente el más flaco y hábil, para llegar lo más cerca del poste y permitir que los siguientes fueran cayendo en la columna del burro atrás de él.</p>
<p>Cuando todos estaban ya con todo el peso del culo en el lomo del animal, éste comenzaba a moverse hasta derribar a los jinetes.</p>
<p>Si el burro se partía, los brincadores ganaban y volvían a montar, si eran derribados, le tocaba a los saltadores hacerla de burro.</p>
<p>Este juego, desde luego, estaba prohibido para las mujeres, aunque hubo algunas amazonas que participaban.</p>
<p>Cuando se juntaban equipos de más de 15 y en uno de ellos iba a participar Manuel, había espectáculo asegurado, los chicos y las chicas lo sabían, y se amontonaban en las orillas para verlo.</p>
<p>Manuel quedaba hasta el final. Tomaba impulso de varios metros y en el aire soltaba sus membranas laterales para volar como un pterodáctilo por sobre todos los jinetes, mientras se oían los gritos del público, particularmente de las chicas, hasta quedar de frente y casi metido en el hocico del burro. Los aplausos no se hacían esperar.</p>
<p>A mí me gustaba más ver a Manuel en la portería, pocos podían presumir de haberle hecho un gol.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El balón de cuero</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/04/el-balon-de-cuero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 04:19:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12543" style="width: 1193px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12543" class="size-full wp-image-12543" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Futbol-lanero-mujerscopia-copia.jpg" alt="Futbol lanero mujeres" width="1183" height="783" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Futbol-lanero-mujerscopia-copia.jpg 1183w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Futbol-lanero-mujerscopia-copia-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Futbol-lanero-mujerscopia-copia-1024x678.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Futbol-lanero-mujerscopia-copia-768x508.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1183px) 100vw, 1183px" /><p id="caption-attachment-12543" class="wp-caption-text">Futbol lanero mujeres</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Jojutla, Morelos; 20 de abril de 2026. El fútbol es un deporte que ha tenido pocas modificaciones desde su invención. En lo que sí ha cambiado, y mucho, es en el material y estilo de algunos accesorios como los trajes: cortos, largos, medianos, de diferentes materiales. Y, además, la pelota.</p>
<p>El balón que hoy se juega en las canchas profesionales es sintético, en 1986, en el Mundial que se celebró en México, se jugó con un esférico totalmente sintético: el balón «Azteca».</p>
<p>Antes de los ochenta, se jugaba con un balón de cuero de 32 paneles: 12 pentágonos y 20 hexágonos, cosidos a mano, con cámara y pivote. La pelota inflada de 8.5 a 15.6 libras se desplazaba muy bonito, pero en los campos llaneros se le tenía que bajar la presión porque no había resistencia al pasto.</p>
<p>Cuando en las canchas de tierra llovía y el agua se encharcaba, el lodo se adhería al cuero y el balón se volvía una masa semi redonda que era complicadísimo controlar, conducir y servir.</p>
<p>El árbitro tenía prohibido terminar un partido porque el balón se llenaba de lodo. Paraba un momento el encuentro y mandaba limpiar la bola. Después se continuaba con el enfrentamiento.</p>
<p>Cabecear o parar la bola de pecho era algo que solo podían hacer los mejores, los verdaderos hombres, los que no le tenían miedo a nada ni a nadie.</p>
<p>Perra suerte la del portero sin guantes cuando llovía. Mojado y golpeado por quien sabía pegarle al balón se volvía un proyectil que muchos evitaban y dejaban pasar a las redes.</p>
<p>Mas de dos veces, los paramédicos tuvieron que atender a porteros que se les hacía fácil parar el bólido que viajaba a más de 100 kilómetros por hora en un tiro libre o en algún potentísimo remate y se le resbalaba contra la cara.</p>
<p>Esto no ocurría sólo en el futbol llanero, pasaba en los partidos profesionales. En la historia del futbol mexicano está el nombre de un jugador de la Máquina Celeste del Cruz Azul: Javier «Kalimán» Guzmán, considerado uno de los defensas con el disparo más potente en la historia del fútbol mexicano.</p>
<p>La violencia con la que le pegaba al balón era una pesadilla para los defensas y porteros contrarios.</p>
<p>En aquellas épocas, la percepción que los aficionados y apasionados a este deporte le tenían a los jugadores era semejante a la de un ser sobrenatural.</p>
<p>Por cierto, por allá por 1976, en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, en el único lugar para futbol profesional”, llamado Estadio Flor del Sospó, hubo un partido de exhibición entre la Selección de Tuxtla y el Atlético Español, un equipo profesional de primera división que estaba muy en boga.</p>
<p>Se anunció que llegarían todos los jugadores titulares, entre ellos Benito Pardo y Juan José Muñante, un extremo derecho peruano, apodado «La Cobra».</p>
<p>La “Cobra” Muñante tenía un potente disparo y un control del balón extraordinario. Es considerado uno de los mejores extremos de Latinoamérica de los años setenta.</p>
<p>En los 15 minutos de descanso, entraríamos dos equipos de siete niños a jugar.</p>
<p>Desde uno de los túneles mis compañeros y yo veíamos cómo se desarrollaba el partido. Nos impresionaba la velocidad con la que los jugadores se desplazaban y la fuerza con la que se disputaban el balón.</p>
<p>Al medio tiempo, entramos a jugar nosotros. Recuerdo que era mi primera vez en un campo con césped. El pequeño estadio estaba a reventar y recibimos los aplausos de una masa de público que nos levantó la sangre y nos llenó de orgullo.</p>
<p>Al terminar los 15 minutos, el árbitro silbó y nos llevaron a las bancas. Los jugadores del Atlético Español salieron de los vestidores caminando con uniforme blanco. La Cobra se dirigió a nosotros para darnos la mano: medía como ocho metros, cada pierna era del grosor de tres o cuatro niños como nosotros, era muy negro, en mi vida había visto a alguien tan negro y, además, iba con una mata de pelo negrísima y ensortijada. ¡Todos quedamos paralizados cuando nos dio la mano y entró corriendo al terreno de juego!</p>
<p>En la época del balón de cuero en los pueblos y ciudades pequeñas que sólo tenían campos de tierra, los triunfos se celebraban en grande, y en las derrotas no había jugador, por más hombre que presumiera ser, que no llorara.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>A Fabiola le duele su padre</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/04/a-fabiola-le-duele-su-padre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 04:15:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio Jojutla, Morelos; 20 de abril de 2026. A Fabiola le duele su padre. Debe cuidarlo todos los días, darle su medicina, su comida, cambiarlo, bañarlo. No puede salir de la casa más que al súper, a la tienda de la esquina por cosas emergentes, a las citas médicas cuando le toca revisión a su papá. Hace muchos [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12540" style="width: 1546px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12540" class="size-full wp-image-12540" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Desvanecer.jpg" alt="Desvanecer" width="1536" height="1024" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Desvanecer.jpg 1536w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Desvanecer-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Desvanecer-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Desvanecer-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /><p id="caption-attachment-12540" class="wp-caption-text">Desvanecer</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Jojutla, Morelos; 20 de abril de 2026. A Fabiola le duele su padre. Debe cuidarlo todos los días, darle su medicina, su comida, cambiarlo, bañarlo. No puede salir de la casa más que al súper, a la tienda de la esquina por cosas emergentes, a las citas médicas cuando le toca revisión a su papá. Hace muchos años no va fiestas, ni a reuniones, menos al cine y ni se diga de vacaciones.</p>
<p>Ella es una sombra que no pude apartarse sino por instantes.</p>
<p>Lo sabe, y quizá para muchas personas, como se lo han dicho, sería imposible aguantar la carga que está soportando, pero ella lo ve de otra manera: está cumpliendo una responsabilidad, está acompañando a su padre los últimos años de su vida y en las condiciones en que la enfermedad lo va acabando poco a poco; está con él cuando más lo necesita, cuando nadie más que ella puede estar.</p>
<p>Siempre fue un hombre sano, muy activo, generoso, aunque como era el jefe de familia, el que daba el dinero para la casa a veces era autoritario y hasta déspota…</p>
<p>Fabiola lo recuerda alegre, bailador, desmadroso, se ponía a cantar canciones de Javier Solís a un lado de Loreto, un perico de lengua negra, con la esperanza de que aprendiera alguno de sus boleros favoritos, pero el ave solo repetía algunas palabras, aprendió carcajearse y a regañar a los nietos.</p>
<p>Nunca podrá olvida que cuando falleció su esposo, su padre se hizo cargo de ella y de sus tres hijos. Les dio comida, escuela, diversión, una casa, un abuelo que siempre estaba pendiente de lo que necesitaran. Y esos sucedió hasta que entraron la universidad.</p>
<p>¿Cómo no ayudarlo ahora que no puede valerse por sí mismo?, incluso, aunque él no se hubiera desvivido por ella y sus niños, es la hija más chica, ha vivido con él desde pequeña, le conoce los modos, nadie sabe más de él que ella, incluso se ha especializado en los medicamentos que necesita y conoce en qué momento es necesario llevarlo con el médico.</p>
<p>Después de que la mamá de Fabiola murió, pasaron unos años y su papá casó con una mujer con la que, al inicio se llevaban muy bien, pero con el tiempo se llegaron a odiar casi a muerte.</p>
<p>Todos vivían en la misma casa, pero la relación se volvió infernal y por años no se hablaron.</p>
<p>Su papá se divorció de la mujer y quedó solo, con su hija, sus nietos y la pareja de su hija.</p>
<p>Fabiola recuerda cómo su papá comenzó a perder la memoria y la cordura.</p>
<p>ÉL siempre tenía el control del dinero. Le depositaban la quincena de su jubilación como empleado federal en su tarjeta, iba al banco y regresaba a casa para entregar a Fabiola el gasto para la casa y para los chamacos, nadie le pedía cuentas.</p>
<p>Pero un día, comenzó a salir muy temprano y a llegar muy noche, le comenzó reducir el monto de la quincena.</p>
<p>Para no hacer el cuento tan largo, resultó que su papá andaba de “novio” con una señora joven, de unos 50 años, que le pedía dinero porque, según ella, tenía cáncer y necesitaba pagar un tratamiento.</p>
<p>Fabiola se enteró donde vivía la mujer que, desde luego, no tenían ninguna enfermedad más que cinismo, y le fue a reclamar. Pero la mujer la corrió, diciéndole que nadie obligaba a su papá a darle dinero, él iba solito, como gato al que le han untado de manteca los bigotes.</p>
<p>Después de denunciar a la “novia”, ésta le cerró las puertas al novio y el novio se enojó con su hija, al grado de que le suspendió el gasto para la casa. Pero como a los tres días regresó, porque los alimentos que consumía en los restaurantes no le gustaban.</p>
<p>A partir de ese momento, el hombre comenzó a ponerse cada vez más violento y desmemoriado. Varias veces, taxistas que lo conocían, lo llevaron a su casa, sin dinero, herido, desorientado.</p>
<p>Lo habían recogido en las puertas del banco, sin dinero y sin tarjeta, o en la calle, deambulando.</p>
<p>Fabiola ganó un juicio de interdicción, para que ella pudiera hacerse cargo de su padre y administrar sus recursos, porque él tenía Alzheimer, y este padecimiento avanzaba muy rápido.</p>
<p>El médico le explicó, en términos llanos, que poco a poco iría perdiendo la memoria, que se le secaría el cerebro, hasta de comer se iba a olvidar. Eso ocurriría progresivamente y sería cuestión de pocos años. Le dio muchísimos medicamentos. El doctor le advirtió también que, junto con la falta de memoria, vendrían fallas en sus órganos y otros males propios de las personas de 80 años y más.</p>
<p>Desde ahí, su papá se fue volviendo más irritable, a veces muy violento, insistía en ir al banco solo a sacar su dinero, quería llevar el fajo de efectivo en la bolsa y salir al centro, pero ya confundía las fechas, a las personas, se perdía en la casa. No sabía quién era.</p>
<p>Fabiola tuvo que aprender el nombre de los medicamentos, suministrarlos, tomó un curso para inyectar, para tomar la presión, aprendió a curar heridas, estableció una serie de rutinas para la atención de su padre.</p>
<p>Y así ha sido desde hace varios años.</p>
<p>Ella está atada a su padre y le duele mucho, por toda la soledad del hombre, por toda la ausencia que lo va rodeando conforme la enfermedad avanza y lo va consumiendo poco a poco, lo va volviendo pequeño e invisible.</p>
<p>Ella siempre fue “pata de perro”, viajó a muchos lugares cuando era joven, incluso cuando se casó, andaba de allá para acá con el marido y los chamacos.</p>
<p>Ahora sólo viaja con su imaginación a todos lugares que ve en los documentales en Netflix y en Prime Video.</p>
<p>Ha soñado con estar en la India, en Japón, en Nueva York, en Río de Janeiro, en el Amazonas, en Costa Rica, en Palenque.</p>
<p>Algunas de sus vecinas con las que a veces platica piensan que ha viajado mucho, porque sabe todo sobre lugares muy famosos o de moda, pero la verdad es que conoce sólo por los documentales.</p>
<p>Un día, una amiga le llevó un destapador de Tlaquepaque, le gustó y lo guardó en la vitrina. Luego alguien le llevó un llaverito de Teotihuacán, luego un recuerdo de Chapala, luego de Guadalajara, de Puebla, de Toluca, y así fue coleccionando souvenirs.</p>
<p>Sabe todo sobre los lugares de donde son esos obsequios. Eso a sus amigas las impresiona. Incluso, cuando ellas van a salir de vacaciones les da indicaciones de qué sitio visitar y les propone opciones de viaje.</p>
<p>A Fabiola eso le da una gran satisfacción, aunque desde hace muchos años no haya salido ni de la ciudad donde vive.</p>
<p>Siempre está con su padre, es más, ella misma ha dicho que  no son ella y él, sino son uno que se desplaza por la casa dividido en dos, y veces, cuando hay que salir de emergencia por algo, se separan, para luego juntarse.</p>
<p>Por la tarde, cuando Fabiola acaba de hacer su aseo, se sienta al lado de su padre y juntos ven la tele. Ella a veces le platica sus preocupaciones, sus sueños. Hace unos años, le respondía, incluso discutían algunas decisiones, pero poco a poco dejó de contestarle hasta encerrarse solo. Como ella se acostumbró a platicarle y como sabe que ahora su papá no le responde, se suelta con todo.</p>
<p>Fabiola piensa que todo esto es como cuando habla a sus pájaros, con la diferencia de las aves sí la oyen y la ven con sus grandes ojos redondos y le responden con sonidos de ave.</p>
<p>Parte de la rutina es el baño diario. Cuando termina de bañarlo, lo viste y lo pone junto a una ventana grande que da a la calle.</p>
<p>El hombre se sienta en una silla recta, con las rodillas pegadas y los brazos también pegados a las costillas. Juega con sus dedos mientras observa hacia afuera.</p>
<p>Fabiola dice que así, su padre parece “niño regañado”, y entre lágrimas recuerda que cuando era niña le compraba pasteles muy grandes. Todos los niños del barrio, que eran muchísimos, asistían a la fiesta, esto no ocurrió nunca con sus dos hermanos mayores, que jamás tuvieron cumpleaños, ni pastel, ni fiesta, menos juguetes, porque en aquella época, antes que ella naciera, eran muy pobres.</p>
<p>Mientras permanece frente al ventanal, la gente saluda al padre de Fabiola, pero él ya no contesta, como lo hacía siempre; está ahí, pero no está.</p>
<p>Cada que se sienta en el mismo sitio, se aleja y se pierde en algún punto de su pasado, de donde, cualquier día de estos, no va a regresar.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Recuerdan muerte de Cristo en fosa común de Jojutla</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/04/recuerdan-muerte-de-cristo-en-fosa-comun-de-jojutla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Apr 2026 00:28:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Máximo Cerdio Jojutla; 3 de abril de 2026. Una vez que le pusieron la bolsa negra de plástico en la mesa, el forense comenzó a cortarla. No traía tarjeta con identificación, no le habían practicado la necropsia. Adentro estaba el cuerpo de una persona, al parecer masculino. Era puro hueso, recubierto por una capa grasosa como si le hubieran untado [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12520" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12520" class="size-full wp-image-12520" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Lavatorio-de-pies.jpg" alt="Lavatorio de pies" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Lavatorio-de-pies.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Lavatorio-de-pies-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Lavatorio-de-pies-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Lavatorio-de-pies-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12520" class="wp-caption-text">Lavatorio de pies</p></div>
<p>Máximo Cerdio</p>
<p>Jojutla; 3 de abril de 2026. Una vez que le pusieron la bolsa negra de plástico en la mesa, el forense comenzó a cortarla. No traía tarjeta con identificación, no le habían practicado la necropsia. Adentro estaba el cuerpo de una persona, al parecer masculino. Era puro hueso, recubierto por una capa grasosa como si le hubieran untado jabón casero. El cráneo tenía en la enfrente un hueco pequeño, estaba vendado y tenía hundida la parte frontal del maxilar superior.</p>
<p>Sus brazos estaban extendidos hacia enfrente y terminaban con las muñecas atadas con trapos, lo mismo que sus tobillos.</p>
<p>El médico cortó la venda de los ojos y luego metió las puntas de las tijeras en el hueco del maxilar. Poco a poco fue extrayendo en pedazo de trapo, hasta que brincaron tres o cuatro dientes, mismos que fueron recogidos y puestos en una bandeja de metal.</p>
<p>El procedimiento seguiría en este cadáver más o menos en los mismos términos que con los demás.</p>
<div id="attachment_12523" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12523" class="size-full wp-image-12523" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Fosa-comun-5-etaoa.jpg" alt="Fosa común 5 etapa" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Fosa-comun-5-etaoa.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Fosa-comun-5-etaoa-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Fosa-comun-5-etaoa-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Fosa-comun-5-etaoa-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12523" class="wp-caption-text">Fosa común 5 etapa</p></div>
<p>Durante las pláticas, después del trabajo el médico diría que seguramente primero le golpearon la boca, tal vez un culatazo y luego le pegaron el tiro en la frente.</p>
<p>Este fue uno de los primeros cadáveres que se encontraron en esas condiciones la primera o segunda etapa de exhumación en las fosas comunes del Panteón Pedro Amaro, en Jojutla, Morelos, México.</p>
<p>Hasta la fecha no se sabe si fue identificado. No se sabe qué hicieron con él, con la carpeta de investigación, tampoco si tiene sus hijos o sus padres lo esperan, no se sabe cuánto sufrió ni por qué tuvieron que acabar con su vida de esa forma tan salvaje.</p>
<div id="attachment_12524" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12524" class="size-full wp-image-12524" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Jojutla-2022.jpg" alt="Jojutla 2022" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Jojutla-2022.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Jojutla-2022-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Jojutla-2022-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Jojutla-2022-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12524" class="wp-caption-text">Jojutla 2022</p></div>
<p><strong>El Viacrucis </strong></p>
<p>A unos metros del área donde ahora la Fiscalía General del Estado realiza la quinta etapa del proceso de exhumación para identificar a desaparecidos y entregar los restos a sus familiares.</p>
<p>Es viernes 3 de abril de 2026, los colectivos de familiares y de búsqueda y el padre Alfonso Leija Salas convocaron a realizar una parte del Viacrucis en este cementerio en las carpas destinadas a los colectivos, adjunta al área de exhumación y toma de muestras.</p>
<p>No hay más que un reportero; no vino ningún políticos o funcionario que aspire a un cargo de elección popular; andan en otros lados, con  el enjambre de celulares, en la fiesta, en la comedera.</p>
<p>Siete mujeres fueron elegidas para que les lavaras los pies y para leer las 7 palabras que dijo Jesucristo en la Cruz antes de su muerte.</p>
<p>Poco después de las 10:40 dio inició este acto simbólico que, de acuerdo con el obispo Leija es un acto de humildad, de inclinarse, de arrodillarse y de pedirle a Dios que esos seres que están en la oscuridad sin sus familias regresen a la luz, para que puedan ser sepultados, llorados y despedidos.</p>
<div id="attachment_12521" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12521" class="size-full wp-image-12521" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Abrazso-grupal.jpg" alt="Abrazo grupal" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Abrazso-grupal.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Abrazso-grupal-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Abrazso-grupal-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Abrazso-grupal-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12521" class="wp-caption-text">Abrazo grupal</p></div>
<p>“En los cuarenta y cinco años que tengo trabajando en el dolor humano jamás me ha sido tan difícil de abrazar y consolar, encontrar en esa fe las palabras del espíritu de Dios para poder abrazar a esas personas en su dolor, porque finalmente también ellas sienten que están en pecado, porque le fallaron a Dios al no haber podido cuidar a sus hijos y a sus hijas, en esta desaparición esforzada, en esos asesinatos donde se contabilizan más de medio millón de asesinados y más de ciento treinta mil desaparecidos”, había dicho.</p>
<p>El sacerdote se pone su atuendo blanco y se quita zapatos y calcetines, quiere sentir la tierra, aunque sea una que ha recibido personas que nunca pasaron por la necropsia y que fueron a enterrar ahí, como cualquier animal.</p>
<p>Cánticos se escuchan en una grabadora.</p>
<p>Mientras les lavan los pies, las madres recuerdan su dolor y el de María, madre de Jesús, al ver todo el sufrimiento que le causaron a su hijo.</p>
<p>A unos metros, en la fosa, ocupada por personal de la Fiscalía General del Estado, la mayoría de ellos de blanco se escuchan ruidos de carretillas y de vez en cuando algo así como una hora y el traslado de indicios a las mesas de revisión.</p>
<p>La temperatura es de 34 grados Celsius.</p>
<p>Más allá del corral que delimita los trabajos de la fiscalía, los policías municipales, estatales, uno que otro bombero y una pareja de agentes de las Guardia Nacional vigilan.</p>
<p>Una vez que el sacerdote lava los pies de las mujeres, pide se pronuncien las palabras que dijo Jesús ante de morir, y una por una van leyendo un guion que se le entregó previamente con un contexto y el significado de cada frase: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”; “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.</p>
<p>Hay llantos, hay rostros de un gran sufrimiento.</p>
<p>Después, el padre pide que formen una cruz con la veladoras que encendieron durante los cánticos y que pronuncien el nombre del familiar desaparecido. Una por una la familia e las víctimas van alineando sus veladoras y gritando un nombre; aunque el grito es potente, los escuchan las demás víctimas, pero no llega al otro lado de la reja, los trabajadores de la Fiscalía buscan cuerpos, pedazos de cuerpos, sienten calor y tienen cara de enojo.</p>
<div id="attachment_12522" style="width: 941px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12522" class="size-full wp-image-12522" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Camioneta.jpg" alt="Camioneta" width="931" height="1396" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Camioneta.jpg 931w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Camioneta-200x300.jpg 200w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Camioneta-683x1024.jpg 683w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/04/Camioneta-768x1152.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 931px) 100vw, 931px" /><p id="caption-attachment-12522" class="wp-caption-text">Camioneta</p></div>
<p>El padre Leijas les pide a los familiares de las víctimas que se junten y se abracen. Hay gimoteos, dolor. Todos se abrazan.</p>
<p>Queda la cruz de luz formada por las veladoras que sirvieron para la conmemoración, al fondo permanece es espera una camioneta blanca vieja, muy conocida en esta zona por los pobladores, rotulada en negro: “Servicio Médico Forense”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Hubo colgado en Xoxocotla</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/02/hubo-colgado-en-xoxocotla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Feb 2026 14:59:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12468" style="width: 1297px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12468" class="size-full wp-image-12468" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/def_DSC9987-copia.jpg" alt="Niños en la Puchina" width="1287" height="858" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/def_DSC9987-copia.jpg 1287w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/def_DSC9987-copia-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/def_DSC9987-copia-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/def_DSC9987-copia-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1287px) 100vw, 1287px" /><p id="caption-attachment-12468" class="wp-caption-text">Niños en la Puchina</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Xoxocotla, Morelos; 24 de febrero de 2026. Bajo el sol y con una temperatura infernal el Verdugo vestido de diablo columbró a un grupito de hombres que se encontraba a mitad de la calle, en una especie de ínsula, debajo de un árbol de alcohol, rodando como frutos maduros. Corrió hacia ellos, seguido por sus huestes: un diablillo con un traje muy parecido al suyo, un jovencito y tres adultos gritones.</p>
<p>El Verdugo se paró frente a ellos y gritó: “¡Huevos, madre!” y los hombres en descenso se alborotaron y dirigieron su mirada al de la voz, que llevaba en la mano una botella medio llena de licor.</p>
<p>Lo conocían, era José Luis Leal Bruno, quien lleva 25 años representando a este personaje en lo que el pueblo indígena de Xoxocotla se conoce como La Puchina.</p>
<p>El Diablo extendió el pomo a uno de los bebedores y le hizo la invitación que venía haciendo por todo el pueblo, para que ese día y el siguiente, no fueran a faltar a las 3 de la tarde en la iglesia, para el Colgado:</p>
<p>-¡Lanepiloloz in Xoxogola! -le dijo, o sea habrá colgado en Xoxocotla, en náhuatl. Enseguida, él y su séquito salieron corriendo rumbo a otras casas en donde ya los esperaban algunas mujeres para entregarles dinero, refresco, botana o alcohol.</p>
<p>Los mototaxis pasaban zumbando como abejas a lado del personaje, algunos se detenían y pedían una selfie con él, y éste aceptaba con gusto, luego se alejaban gritando, “Huevos, madre”.</p>
<div id="attachment_12469" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12469" class="size-full wp-image-12469" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC9581.jpg" alt="El Verdugo y sus huestes" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC9581.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC9581-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC9581-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC9581-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12469" class="wp-caption-text">El Verdugo y sus huestes</p></div>
<p>En algunas casas ya esteraban al Verdugo con una caguama más fría que el culo de un pingüino en el Polo Norte y ahí mismo él y uno o dos de sus ayudantes le daban fuego: “No nos gusta mucho la cerveza, porque empanza y no deja correr”, había dicho uno de los pupilos del Chamuco.</p>
<p>En Xoxocotla aún quedan tecorrales en las periferias de la ciudad. El sábado 14 de ese mes, Epifanio Bastidas Catalán, organizador de varias ediciones de la conmemoración y oriundo de Xoxocotla, explicó que la expresión “Huevos, madre”, se origina hace mucho tiempo, cuando el Verdugo y su séquito o el Mopilo y su séquito pedían cooperación a las mujeres y solicitaban huevos de gallina y ellas les daban huevos como una ayuda.</p>
<p>“Muchas veces sólo brincaban el tecorral y se metían y se llevaban las gallinas o los huevos y salían corriendo. ‘Huevos, madre’, también significa que ellos andan en la calle, en el sol, invitando y lo hacen con coraje, con huevos”, dijo.</p>
<p>Cuadras más adelante el Verdugo y sus “hijos”, como le decía él cuando se acercaba a las ventanas de las puertas a pedir cooperación para el carnaval, se reunieron con el Mopilo, el Padrecito, el Abanderado y el del Tambor.</p>
<p>El Mopilo (el ahorcado) recorría las calles del pueblo en un burro, vestido con una sábana blanca que significa pureza; junto con los demás personajes y algunos ayudantes, invitaban al pueblo a que acudiera a las tres de la tarde al zócalo al “Ahorcado”, pidiendo cooperación, “con lo que sea su voluntad”, para sufragar los gastos del evento.</p>
<p>Durante el trayecto, el séquito del Mopilo gritaba: “¡Ashan que mamelahua!” (aquí, ahora, en este momento).</p>
<p>Los pobladores dicen una frase para indicar que va a dar inicio esta conmemoración: “Lanepiloloz in Xoxogola”, que significa: “Habrá colgado en Xoxocotla”.</p>
<div id="attachment_12474" style="width: 1281px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12474" class="size-full wp-image-12474" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Banda.jpg" alt="Banda" width="1271" height="847" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Banda.jpg 1271w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Banda-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Banda-1024x682.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Banda-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1271px) 100vw, 1271px" /><p id="caption-attachment-12474" class="wp-caption-text">Banda</p></div>
<p>Según Enrique Ochoa Antonio o Babidy, el Verdugo y el Mopilo salen a las calles del pueblo a invitar, pero también a chimar (raspar, molestar), y utilizan bromas con las personas que están en la banqueta o dentro de sus casas, cuando piden ayuda para apoyar sus gastos: por ejemplo, les dicen que, si no les dan alguna fruta o refresco, se van a llevar a su hermana, y esto lo hacen porque hay confianza y porque ya se conocen, para que no resulte una ofensa.</p>
<p>Sobre todo, después que los chamacos salieron de la escuela, es decir, como a las 2 de la tarde, en las esquinas la gente sabe ya que el Verdugo anda siguiendo al Mopilo. Muchos llevan sus respectivas botellas con pintura y desde esa hora comienzan a arrojarse agua o a pintarse la cara entre ellos, en una lucha amistosa en donde, al menor descuido, uno de estos chamacos le puede meter el brazo en la garganta y embarrarle hasta la úvula.</p>
<p>Poco antes de las dos de la tarde, todos los personajes se reúnen en una esquina del pueblo y se enfilan caminando al zócalo, en donde se preparan para la etapa final: dar una vuelta a la manzana y colgar al Mopilo.</p>
<p>Ahí tomaron un descanso José Luis Leal Bruno, el Verdugo y su ayudante, Jonathan Elrique Leal; Lázaro Leal Bruno, el Mopilo, el Padrecito Adrián Leal Lazcano, el del Tambor, Losé Luis Antonio Abelino, y el Abanderado Héctor Leal Sopeña, además de un grupo de ayudantes.</p>
<div id="attachment_12470" style="width: 1454px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12470" class="size-full wp-image-12470" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC0182.jpg" alt="Mopilo y compañía" width="1444" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC0182.jpg 1444w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC0182-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC0182-1024x681.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/DSC0182-768x511.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1444px) 100vw, 1444px" /><p id="caption-attachment-12470" class="wp-caption-text">Mopilo y compañía</p></div>
<p>Los jóvenes y los adultos se sentaron en las jardineras. Iban hasta las orejas de pintura y alcohol, muy cansados, pero todavía faltaba lo mejor.</p>
<p>A los niños les gusta el Diablo y el burro. El demonio se fue tomando fotos con los chamacos pintados hasta las pestañas.</p>
<p>“Yo soy el responsable de los chamacos que se integran a la procesión y es necesario dar buene ejemplo y explicarles en que consiste esto, para que las generaciones futuras continúen con la tradición”, había dicho en entrevista el Verdugo.</p>
<p>El burro, del que nadie supo el verdadero nombre y al que irresponsablemente le pusieron “Rufina”, iba teñido en tinta, de un color que nadie podía describir: había bebido agua, cerveza, había comido maíz, alfalfa, chicharrón y le había arrebatado a un beodo un pedazo de pan regalado; también se pegó un hornazo que un mariguano le arrojó cuando le quemaba las pestañas a Satanás en las jardineras del zócalo.</p>
<p>Epifanio Bastidas Catalán platicó que, durante más de cuarenta años, la Puchina se dejó de realizar porque no había interés de las autoridades ni del pueblo en darle continuidad a una tradición de más de 100 años:</p>
<p>“Desde 1992, con el amigo Fortino Rojas, El Tepoz, Inocente Ríos, y Epifanio Bastidas, fuimos los organizadores y rescatamos la tradición después de tres años de investigación y pláticas con los señores mayores del pueblo, y los personajes fueron Juan Santos Bastidas (RIP), como El Verdugo, Antonio Alberto (RIP) y Raymundo Saldívar”.</p>
<p>Vamos a elaborar un libreto para que las generaciones futuras realicen esta conmemoración de acuerdo con la tradición, que hasta la fecha ha sido transmitida de manera oral. El objetivo el que la tradición continue con los jóvenes y niños y que éstos, a su vez, la pasen a la siguiente, reveló.</p>
<p>Según Bastidas Catalán, en ese libreto se especificarán los días y las horas, los lugares, la trayectoria o el circuito, las acciones, los diálogos que originalmente eran en náhuatl, los personajes y el papel que representan.</p>
<p>La figura central en la Puchina es el niño Dios: el rey Herodes, que vivía en un palacio en Judea, lo manda buscar con sus soldados (cuarieros) en los alrededores de Belen, porque a sus oídos llegó la noticia que había nacido el verdadero «rey de los judíos» y Herodes cree que él es único Dios. Entonces pide a sus soldados que vayan, busquen y marquen al niño Dios.</p>
<p>Los soldados lo buscan y lo encuentran, y marcan al niño Dios con pintura, y cuando todos los niños son llevados ante la presencia de Herodes, para que él señale al que los soldados habían pintado, todos los niños se habían marcado o pintado y no hubo manera de identificarlo.</p>
<p>La Puchina, en Xoxocotla, se realiza dos días antes del miércoles de ceniza y recuerda el amor y la solidaridad de los niños que se pintaron para esconder y defender al niño Dios.</p>
<p>De acuerdo con Epifanio Bastidas, los personajes de la Puchina son: “El Mopilo” o el Bueno, o el Puro, que es el que conoce dónde está el niño Dios y es buscado y encontrado por los soldados de Herodes.</p>
<p>El Verdugo o el malo, es quien persigue y castiga al Mopilo para que diga el paradero del Niño, y como no lo revela, lo tortura y luego lo ahorca. El Verdugo se caracteriza como el Diablo, que es lo más cercano a la maldad, según el pueblo.</p>
<p>Los Soldados de Herodes buscan al Niño y lo encuentran y lo marcan.</p>
<p>El cura o padrecito, va regando agua bendita.</p>
<p>Hay también una persona que va tocando un tambor y un abanderado.</p>
<p>Los habitantes celebran que Herodes no pudo acabar con el niño Dios y que ellos lo escondieron de sus soldados, de ahí que todo es fiesta y nadie se tiene porque enojar cuando los tiñen con pintura y les hacen bromas.</p>
<p>Bastidas Catalán recordó que el Verdugo busca al Mopilo por las calles del pueblo, hasta que lo encuentra, lo tortura y lo ahorca, de ahí que a esta tradición también se le llame “El Ahorcado” o la “Puchina”, porque el pueblo baña con tinta a los personajes y también los pobladores se bañan de pintura entre sí.</p>
<div id="attachment_12471" style="width: 1454px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12471" class="size-full wp-image-12471" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/1_DSC0426-copia-copia.jpg" alt="Baño de tinta " width="1444" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/1_DSC0426-copia-copia.jpg 1444w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/1_DSC0426-copia-copia-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/1_DSC0426-copia-copia-1024x681.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/1_DSC0426-copia-copia-768x511.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1444px) 100vw, 1444px" /><p id="caption-attachment-12471" class="wp-caption-text">Baño de tinta</p></div>
<p>Poco antes de las 2 de la tarde de ese lunes 16 de febrero de 2026, los personajes y sus huestes comenzaron a dar vueltas al quiosco del zócalo y salieron por la calle Constituyentes, rumbo a la Miguel Hidalgo, ahí doblaron a la izquierda: niños y adultos seguían a los protagonistas, les echaban agua con tinta y les embarraban en el rostro una pasta de pintura. La banda de viento resonaba en la calle, también los músicos habían pasado por las armas y caminaban humedecidos como pulpos después de un tirazo.</p>
<p>Dieron vuelta a la izquierda por la calle Emiliano Zapata y allí, desde las azoteas y por los callejones, niños y adultos salieron a mojar al contingente, en medio iban los protagonistas, que recibían más baños de color, el Mopilo era una cosa sin forma entre la multitud, ni siquiera el burro tenía, a estas horas, un solo pliegue profundo totalmente seco.</p>
<p>La masa de tinta dio vuelta en la calle 5 de Mayo y tomó por Constituyentes de nuevo, para entrar a la 20 de Noviembre hasta el pie del entarimado, en cuya escalera subieron, uno por uno, el Padrecito, el Mopilo y el Diablo con su Diablito.</p>
<p>Siete metros abajo, cientos de personas esperaban el descenso del bien y del mal y arrojándose agua con botellas de pet.</p>
<p>En el techo de la iglesia, varios policías entintados se apostaron, como zopilotes vigilando que los enfrentamientos no pasaran a los golpes.</p>
<div id="attachment_12473" style="width: 789px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12473" class="size-full wp-image-12473" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Verduto-tirtura-a-Mopilo.jpg" alt="Verdugo tortura a Mopilo" width="779" height="1168" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Verduto-tirtura-a-Mopilo.jpg 779w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Verduto-tirtura-a-Mopilo-200x300.jpg 200w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Verduto-tirtura-a-Mopilo-683x1024.jpg 683w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/Verduto-tirtura-a-Mopilo-768x1152.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 779px) 100vw, 779px" /><p id="caption-attachment-12473" class="wp-caption-text">Verdugo tortura a Mopilo</p></div>
<p>La expectación creció. En las alturas, el Mopilo se sentó en una tabla previamente asegurada con una soga y dos ayudantes lo fueron bajando a nivel del último escalón del andamio. Ahí, el Verdugo se agarró de la soga y comenzó a golpear al Mopilo, después se agarró de la soga y entre patadas, los fueron bajando hasta quedar en el suelo, en donde los estaban esperando cientos de pobladores que los recibieron echándoles tinta líquida y espuma.</p>
<p>Los paramédicos y bomberos le arrebataron a la multitud al Mopilo y al Verdugo y los llevaron al patio de la parroquia donde recibieron atención.</p>
<p>En la calle, la batalla de agua y tinta continuaba.</p>
<p>Esta representación se repetiría el martes 17 de febrero, con la bendición del presbítero Robert Marwein, de la parroquia San José Obrero, a las 8:30 de la mañana y el desayuno de campeones consistente en unas dobladas, refrescos, cerveza y licor de agave Rancho Escondido; y de nuevo se ocuparían 12 mil litros de agua y 500 kilos de pintura en polvo para la conmemoración.</p>
<div id="attachment_12472" style="width: 1349px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12472" class="size-full wp-image-12472" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/ffDSC0498-copia.jpg" alt="Puchina" width="1339" height="890" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/ffDSC0498-copia.jpg 1339w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/ffDSC0498-copia-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/ffDSC0498-copia-1024x681.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/02/ffDSC0498-copia-768x510.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1339px) 100vw, 1339px" /><p id="caption-attachment-12472" class="wp-caption-text">Puchina</p></div>
<p>Al día siguiente, el muchachitero de sexto y de secundaria llegaría a la escuela con las huellas de las batallas en las caras y en las manos:</p>
<p>“No tenemos problemas, les damos permiso, lo que nos preocupa es que muchos vienen bien crudos y oliendo a alcohol”, diría una maestra de una secundaria del lugar.</p>
<p>Babidy recordó que es importante explicar la tradición a los niños, para que no lo vean como una forma de enfrentamiento y para que no beban, como lo hacen los mayores, en estas fechas:</p>
<p>Nos gustaría lograr que a quien le preguntaran en el pueblo qué es la Puchina pudiera dar a conocer el verdadero significado de esta conmemoración”, puntualizó el muralista urbano.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La corta vida de Leonardo</title>
		<link>https://mochicuani.com/2026/01/la-corta-vida-de-leonardo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2026 16:36:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio Tlaltizapán, Morelos; 12 de enero de 2026. Hasta el día de hoy (11 de enero de 2026), desconozco qué le ocurrió verdaderamente a mi hijo, cómo y por qué falleció o lo mataron el 7 de enero de este año en la cabalgata de Quetzalapa, Guerrero, afirmó en entrevista, Danae, la mamá de Leonardo. Por redes sociales [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12373" style="width: 2065px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12373" class="size-full wp-image-12373" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/01/leonardo-y-su-hermano.jpg" alt="Leonardo y su hermano" width="2055" height="2055" /><p id="caption-attachment-12373" class="wp-caption-text">Leonardo y su hermano</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Tlaltizapán, Morelos; 12 de enero de 2026. Hasta el día de hoy (11 de enero de 2026), desconozco qué le ocurrió verdaderamente a mi hijo, cómo y por qué falleció o lo mataron el 7 de enero de este año en la cabalgata de Quetzalapa, Guerrero, afirmó en entrevista, Danae, la mamá de Leonardo.</p>
<p>Por redes sociales leyó cometarios de personas que afirman que el alcalde de Huitzuco de los Figueroa, Guerrero, Eder Nájera Nájera, mandó una ayuda. También comentan que la alcaldesa de Tlaltizapán, Nancy Gómez Flores, mandó apoyo.</p>
<p>Sobre estas afirmaciones, la mamá aclaró no han recibido ningún tipo de apoyo, ni siquiera llamadas de condolencias por la desgracia que pasaron.</p>
<p>En el lugar donde velaron el cuerpo del menor en el centro de Tlaltizapán y de donde partieron para darle sepultura al cuerpo rumbo al panteón el sábado 10 del presente, la mamá, el papá del chico y algunos familiares fueron entrevistados y exigieron justicia por el homicidio cometido en contra de Leonardo: “que las autoridades correspondientes investiguen y que se llegue a las últimas consecuencias”, exigieron.</p>
<p>Las últimas imágenes que Jeanderly Danae tiene en su mente de su hijo, vivo, fue en su casa: el martes 6 de enero arreglaba sus cosas porque le había pedido permiso de ir a una cabalgata al día siguiente, a Quetzalapa, Guerrero.</p>
<p>Bajó al baño y lo vio en un cuarto, planchando su camisa.</p>
<p>-Mañana voy a la cabalgata -le dijo. Se notaba contento.</p>
<p>&#8211; ¿Estás seguro?</p>
<p>-Sí, má.</p>
<p>-ok -dijo su mamá y lo dejó planchando su ropa.</p>
<p>Al día siguiente, Leonardo salió muy temprano con Rubén, su vecino y la pareja de éste, y como a las 8 de la mañana le mandó un mensaje de WhatsApp avisándole que estaba bien. Su mamá le reclamó que no se había despedido y él respondió que estaba durmiendo y no quiso despertarla.</p>
<p>Danae nunca imaginó que su hijo iba regresar por su propio pie, lo llevarían en una caja de madera, había muerto en un accidente ese miércoles 7, en la cabalgata a la que con tanto ánimo había asistido.</p>
<p>Apenas el 31 de agosto, su muchacho, el más chico, ya que tiene dos varones, había cumplido 14 años.</p>
<p>En su casa, de cariño le decía Chumachú, también el “Mudo”, no porque tuviera alguna discapacidad, sino porque habló ya de grande, fue algo “flojito” para hablar.</p>
<p>Danae recuerda a su hijo muy alegre, muy activo por las cuestiones del campo y con muchísimo ánimo cuando se trataba de caballos: era jinete en las carreras de caballos, había participado en dos y había ganado, y le dijo a su mamá que quería ser jockey.</p>
<p>-Bueno, también me dijo que quería ser soldado, luego, esto y el otro, quería ser todo, pero en su gusto por los animales fue más constante, particularmente los caballos, ya que llevaba una gran amistad con Rubén, nuestro vecino, que en un tiempo había sido pareja de su abuela y conservó ese vínculo.</p>
<div id="attachment_12377" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12377" class="size-full wp-image-12377" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/01/Leonardo-en-el-campo-copia.jpg" alt="Leonardo en el campo " width="1440" height="1944" /><p id="caption-attachment-12377" class="wp-caption-text">Leonardo en el campo</p></div>
<p>Rubén arrienda caballos, los cuida, los entrena, enseña a montar y mi hijo, desde muy chico, lo ayudaba y convivía mucho con él, ya que los dos tenían afición por esos animales, y cuando se trataba de ir a cabalgatas siempre me pedía permiso para acompañar a Rubén, y yo se lo daba porque sabía que él lo vigilaría o cuidaría, así siempre sucedió, hasta que pasó lo de Quetzalapa.</p>
<p>Leonardo estaba estudiando la secundaria en la escuela Lázaro Cárdenas del Río, en Tlaltizapán, y era muy amiguero y popular en la escuela y aquí, en el barrio. Todo el mundo lo conocía, tenía muchos amigos y hacía lo que cualquier chamaco de su edad, le gustaba escuchar música de banda y amaba los caballos.</p>
<p>Ya le había pedido permiso a su mamá para ir a esta cabalgata de Quetzalapa, en Guerrero, era la primera vez que iría a otro estado. Normalmente acompañaba a Rubén a cabalgatas de localidades cercanas y le ayudaba a meter y a sacar los caballos de los remolques.</p>
<p>Regresaba muy contento: le contaba a su mamá y a su papá todo lo que había hecho, qué cosas había visto en los festejos, quiénes habían llegado, cómo eran los caballos, cuántas bandas habían tocado, y detalles del evento.</p>
<p>Ella estaba conscientes de que esas salidas de su hijo eran riesgosas, sobre todo cuando Leonardo comenzó a correr caballos, pero de las cabalgatas no pensó que hubiera algún peligro y menos que ocurriera esa desgracia precisamente a Leonardo.</p>
<p>Danae relató que el martes 7, a eso de las 2 de la tarde, recibió una llamada del señor Rubén, con quien había ido a la cabalgata su Leonardo:</p>
<p>-Chumachú tuvo un accidente…</p>
<p>Alterada, la mamá del muchacho preguntó:</p>
<p>&#8211; ¿Cómo que tuvo un accidente?</p>
<p>-Se cayó de la camioneta y está grave -le respondió Ruben y también le dijo que le marcaría luego, porque ya no tenía pila.</p>
<p>Diez minutos después, le marcó la esposa de Rubén y le confirmó que el niño estaba grave. Leonardo y otra persona de nombre Kenet habían corrido tras de una camioneta y como a los 10 metros, sólo se vio un alboroto porque había ocurrido un accidente y corrió hacia el bullicio. Cuando llegó, se abrió paso y se dio cuenta que quien estaba en el suelo era Leonardo. No supo más, no había visto cómo ocurrieron los hechos y nadie le decía nada. “Ya va a venir la ambulancia”, le dijo y colgó.</p>
<p>Cinco minutos después, le volvieron a llamar. Era la voz de un masculino, que no dio su nombre:</p>
<p>-Señora. Su hijo ya murió -le dijo.</p>
<p>Danae no pudo hablar más al recibir esta noticia, y su sobrina, Norma, tomó el celular y le dijeron que se encontraba en la funeraria “Angelín”, de Quetzalapa.</p>
<div id="attachment_12379" style="width: 2260px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12379" class="size-full wp-image-12379" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/01/leonardocorredor2m.jpg" alt="Leonardo corredor" width="2250" height="2250" /><p id="caption-attachment-12379" class="wp-caption-text">Leonardo corredor</p></div>
<p>Ese hombre que dijo llamarse David, que resultó ser la persona que manejaba la camioneta que le pasó encima a Leonardo, le platicó que el Servicio Médico Forense y el Ministerio Público de Guerrero les habían liberado el cuerpo, eso, debido a que había sido un accidente y que no había nada qué investigar.</p>
<p>También le dijo que si no recibían el cuerpo lo llevarían a Chilpancingo, Guerrero. Norma aceptó ir por el cadáver a Quetzalapa.</p>
<p>Los familiares se trasladaron al lugar donde habían ocurrido los hechos en Guerrero, pero el cuerpo ya no se encontraba en la funeraria, le dijeron que lo habían llevado a Tlaltizapán, por lo que regresaron a su domicilio.</p>
<p>Danae pensó encontrar los restos mortales de su hijo en su casa, pero cuando estuvo en ella no los habían llevado. Minutos después llegaron dos autos, en uno iba la carroza con Rubén y en el otro, una camioneta blanca viajaban varias personas, la esposa de Rubén era una de ellas.</p>
<p>Después que Rubén entregó el cuerpo, la familia llamó a la policía. Los uniformados dieron parte a la Fiscalía, se presentó la camioneta del Servicio Médico Forense y se llevó el cuerpo de Leonardo.</p>
<p>A los papás, se les tomó su declaración en la Fiscalía y al caso se le asignó el número de carpeta de investigación: JO-UEHT/75/2026.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-12375" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2026/01/leonardocortredor44m.jpg" alt="Leonardo corredor" /></p>
<p>Los familiares de Leonardo insistieron en que no sabían exactamente qué había pasado, en qué circunstancias había muerto su hijo, qué autoridades estuvieron presentes, etcétera.</p>
<p>Por ejemplo, se dice que cuando Leonardo sufrió el accidente no recibió ninguna atención de los paramédicos, que la ambulancia llegó muy tarde.</p>
<p>Toda esta información, y las fotografías de Leonador (excepto de la procesión que fue obtenida de redes sociales), fueron compartidas, en entrevista, por la mamá, Danae y su papá, también participaron otros familiares del chico.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>EL REGALO</title>
		<link>https://mochicuani.com/2025/12/el-regalo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Jan 2026 04:22:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio La chica entró al negocio en cuanto vio que el encargado empezó a limpiar la barra. Pelo negro al hombro, lentes oscuros, blusa de manga larga, pantalón holgado, no más de 25 años. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Había estado esperando cerca de media hora a que abrieran. El barman era un hombre de estatura [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-12338" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/12/Barman-sirviendo.jpg" alt="" width="1536" height="1024" /></p>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>La chica entró al negocio en cuanto vio que el encargado empezó a limpiar la barra. Pelo negro al hombro, lentes oscuros, blusa de manga larga, pantalón holgado, no más de 25 años. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Había estado esperando cerca de media hora a que abrieran.</p>
<p>El barman era un hombre de estatura mediana, robusto, pelo negro y barba abundante y larga, con anteojos oscuros.</p>
<p>Abrió temprano el negocio, porque le habían entregado un pulque de Hidalgo y platicaba con el vendedor.</p>
<p>-Quiero una botella de mezcal.</p>
<p>-¿De cuál quieres?</p>
<p>-No sé. ¿De cuál tienes?</p>
<p>El barman le bajó una botella de una repisa donde había cuatro o cinco similares.</p>
<p>-Tengo este que es de Guerrero. Míralo bien. Prueba para que sientas su sabor, lo fuerte, lo suave.</p>
<p>Enseguida le puso un caballito a la chica y le sirvió.</p>
<p>La muchacha escuchaba y observaba con mucha atención. Cogió el vasito y se lo tomó con calma.</p>
<p>Viendo que se había interesado en la bebida, el barman bajó las demás botellas y llenó de nuevo el recipiente con el contenido de otro mezcal.</p>
<p>-Es de Oaxaca, es distinto al que acabas de probar, no sé si conoces de mezcales. Prueba.</p>
<p>La clienta se tomó la bebida como queriendo recordar las características del líquido anterior con éste, que le llenaba la boca y el olfato.</p>
<p>Inmediatamente después que la chica dejó el caballito en la mesa, el barman le llenó otro.</p>
<p>-Este es de acá, de Morelos, es probable que lo sientas un poco más fuerte. Tómatelo.</p>
<p>La chica obedeció, se lo acabó todo y dejó caer el culo del caballito en la barra.</p>
<p>Este gesto le dio pie al cantinero para que le volviera llenar el vasito y le ordenara a la joven que probara de nuevo el de Guerrero.</p>
<p>-Vas a recordar luego luego de dónde es. Dale.</p>
<p>Mientras esperaba la reacción de su clienta, el barman acomodaba vasos, limpiaba utensilios, revisaba la hielera.</p>
<p>La chica se volvió a tomar la copita de un jalón, como los vaqueros sucios de las películas del viejo Oeste y sembró el vaso en la barra.</p>
<p>El barman hubiera servido el mezcal de Oaxaca en el aire, podía hacerlo, lo sabía, pero hubiera atemorizado a la muchacha y a dos personas que habían entrado a la pulquería y no perdían detalle de su técnica.</p>
<p>-Este es el más suave. Prueba y recuerda -ordenó a la joven.</p>
<p>Afuera del negocio, los autos comenzaban a pasar con más frecuencia y los transeúntes saludaban desde la calle al barman que regresaba el saludo.</p>
<p>Él desconocía que la muchacha estaba en ayunas, sabía que no estaba acostumbrada a beber, más tarde deduciría o mejor, adivinaría, que la botella era para un regalo.</p>
<p>Cuando el cantinero vio cómo le brincaba el cogote a la chica, supo que el veneno ya le había llegado al bulbo raquídeo y que no era muda ni mucho menos, sino que el mezcal ya le había torcido la lengua y le había hecho “ñudo” el entendimiento.</p>
<p>Apenas bajó el caballito, la chica no sabía ni a qué había llegado a ese lugar de donde no se podía mover y donde un barbón con cuernos y una cola roja con punta de flecha india le sonreía.</p>
<p>Conociendo el estado de embriaguez de su clienta, que le impedía hablar y decidir, el barman le dio una botella de mezcal papalometl, de Guerrero, le abrió su cartera y tomó el costo de la bebida, cerró el monedero, le metió la botella en la mochila y le dio la mano.</p>
<p>La chica salió de la pulquería hacia la calle, iba medio de lado. El barman ya no alcanzó a ver los efectos desbastadores del mentado “aire”, una especie de masguatazo en los sentidos que padecen los que salen del lugar donde estuvieron bebiendo, cuando no están acostumbrados a esos gustos y se atreven a rascarle los tanates al tecuán.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>No se olvida el 2 de octubre</title>
		<link>https://mochicuani.com/2025/10/no-se-olvida-el-2-de-octubre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Oct 2025 18:02:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio México. El actor y comediante Mario Rodríguez Bezares o Mayito, entonces un niño de nueve años, solía jugar futbol con sus amigos en una de las explanadas de Tlatelolco, su familia vivía en uno de los departamentos de ese conjunto habitacional. El 2 de octubre de 1968, él y sus vecinos se encontraban echando una cascarita, cuando [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12210" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12210" class="size-full wp-image-12210" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/10/talate-.jpeg" alt="Foto de aspecto 2 de octubre " width="630" height="439" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/10/talate-.jpeg 630w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/10/talate--300x209.jpeg 300w" sizes="auto, (max-width: 630px) 100vw, 630px" /><p id="caption-attachment-12210" class="wp-caption-text">Foto de aspecto 2 de octubre</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>México. El actor y comediante Mario Rodríguez Bezares o Mayito, entonces un niño de nueve años, solía jugar futbol con sus amigos en una de las explanadas de Tlatelolco, su familia vivía en uno de los departamentos de ese conjunto habitacional. El 2 de octubre de 1968, él y sus vecinos se encontraban echando una cascarita, cuando de pronto el ruido los descolocó: pasos apresurados, gritos, órdenes cortadas, armas largas en mano.</p>
<p>Elementos del Ejército Mexicano atravesaron la plaza corriendo. El partido se suspendió de inmediato. Mario —a quien la televisión haría famoso décadas después como Mayito— subió con sus hermanos al departamento familiar. Apenas alcanzaron a explicar a sus padres lo que habían visto cuando los gritos, los llantos, las ráfagas la violencia irrumpieron en el edificio.</p>
<p>Mayito y su familia se asomaron por la puerta. Afuera, una multitud de estudiantes corría desesperada hacia una avenida lateral. Detrás, los militares los perseguían. Lo que los jóvenes ignoraban era que al frente los esperaban las tanquetas. Cuando lo advirtieron, intentaron retroceder, pero los golpes, culatazos y disparos los acorralaron.</p>
<p>El padre de Mario ordenó a todos tirarse al suelo. Una bala rompió la ventana y se incrustó en el techo. Adentro, el silencio de la familia contrastaba con los gritos de los muchachos y las órdenes de los soldados en el exterior.</p>
<p>La escena se prolongó desde las seis de la tarde hasta casi las once de la noche. Después, nadie quiso salir. El miedo se había instalado en cada rincón.</p>
<p>La mañana siguiente, Mario y sus hermanos salieron por leche y pan. El camino les reveló la magnitud de la tragedia: la tienda estaba abierta y saqueada; la explanada, cubierta de mochilas, cuadernos, credenciales, zapatos de hombres y mujeres, y charcos de sangre. El terror los hizo correr de regreso a casa.</p>
<p>Ese día, según los cálculos más confiables, más de 300 jóvenes fueron asesinados o desaparecidos por el Ejército Mexicano en la Plaza de las Tres Culturas.</p>
<p><strong>El cine en la memoria</strong></p>
<p>Veintiún años después, en 1989, el cineasta Jorge Fons llevó al cine lo que el poder político aún quería ocultar. Con un presupuesto mínimo y en condiciones clandestinas, “Rojo amanecer” se filmó gracias al empeño del actor y productor Héctor Bonilla, quien invirtió sus propios ahorros para evitar la intervención de los productores tradicionales, alineados con el gobierno.</p>
<p>La historia, escrita por Guadalupe Ortega y Xavier Robles, bajo el título original “Bengalas en el cielo”, retomaba testimonios de familias y sobrevivientes. A sugerencia del actor Valentín Trujillo, que además aportó dinero, la cinta adoptó el título definitivo: Rojo amanecer.</p>
<p>El 30 de mayo de 1989 comenzaron las grabaciones en un foro improvisado cerca del Estadio Azteca, con apenas 26 mil pesos. Al terminar el rodaje, Bonilla guardó los rollos en la cajuela de su auto y los llevó en secreto a los Estudios Churubusco, donde fueron revelados y editados casi en la clandestinidad.</p>
<p>Ya concluida, la película permaneció “enlatada” durante seis meses en Radio, Televisión y Cinematografía. El Estado Mayor Presidencial se oponía a su exhibición porque mostraba al Ejército como protagonista de la masacre.</p>
<p>Finalmente, el presidente Carlos Salinas de Gortari autorizó su proyección, con la condición de eliminar tres escenas en las que se mencionaba de forma explícita la participación de los soldados.</p>
<p>El 17 de octubre de 1990, Rojo amanecer se estrenó en una función especial en la Cineteca Nacional. El público respondió con entusiasmo: permaneció seis semanas en cartelera, recaudó 726 millones de pesos de la época y convocó a más de 370 mil asistentes.</p>
<p>La cinta obtuvo 11 premios Ariel y cuatro Diosas de Plata, consolidándose como la primera película en narrar abiertamente los hechos de Tlatelolco.</p>
<p>Años más tarde, el empresario Carlos Slim solicitó la copia original para preservarla. Héctor Bonilla reconoció entonces que aquella obra fue una de las experiencias más satisfactorias de su vida.</p>
<p>El testimonio infantil de Mayito y la mirada cinematográfica de “Rojo amanecer” se cruzan en la memoria colectiva. Ambos recuerdan que el 2 de octubre de 1968 no se olvida.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dan el último adiós a Erasmo Rita pineda, Tecuán mayor de Tlaltizapán</title>
		<link>https://mochicuani.com/2025/09/dan-el-ultimo-adios-a-erasmo-rita-pineda-tecuan-mayor-de-tlaltizapan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Máximo Cerdio]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Sep 2025 14:31:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Máximo Cerdio Tlaltizapán, Morelos; 12 de septiembre de 2025. Desde la mañana del 9 de septiembre, quienes conocieron a don Erasmo Rita Pineda, pitero y fundador de los Tecuanes del Mirador, llegaron a ver su cuerpo y dar sus condolencias a la familia. Sus últimos restos mortales fueron velados en la calle Vía central sin número, de la colonia [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12173" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12173" class="size-full wp-image-12173" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Feretro-de-don-Eras-y-tecuanes-haciendo-reverencia.jpg" alt="Féretro de don Erasmo y tecuanes haciendo reverencia" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Feretro-de-don-Eras-y-tecuanes-haciendo-reverencia.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Feretro-de-don-Eras-y-tecuanes-haciendo-reverencia-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Feretro-de-don-Eras-y-tecuanes-haciendo-reverencia-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Feretro-de-don-Eras-y-tecuanes-haciendo-reverencia-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12173" class="wp-caption-text">Féretro de don Erasmo y tecuanes haciendo reverencia</p></div>
<p>Por Máximo Cerdio</p>
<p>Tlaltizapán, Morelos; 12 de septiembre de 2025. Desde la mañana del 9 de septiembre, quienes conocieron a don Erasmo Rita Pineda, pitero y fundador de los Tecuanes del Mirador, llegaron a ver su cuerpo y dar sus condolencias a la familia.</p>
<p>Sus últimos restos mortales fueron velados en la calle Vía central sin número, de la colonia El Mirador, en Tlaltizapán.</p>
<p>Nenetzin Taboada Rita, integrante de la danza y nieta del maestro, dio a conocer el 8 de septiembre que su abuelo, papá Momo, como le llamaba de cariño,  había fallecido.</p>
<p>El miércoles 10 de septiembre, a eso de las 12 del día, el grupo de tecuanes, que 40 años atrás fundo Erasmo, bailó por última vez en su casa, frente su féretro, y se despidió del maestro. La gran mayoría de la actual agrupación está conformada por jóvenes y niños.</p>
<p>A eso de la 1 de la tarde, el ataúd fue subido a la carroza y llevado, en procesión, a una cancha techada del mirador, en donde había un mural de don Erasmo y sus tecuanes.</p>
<p>Ahí la comunidad le rindió un homenaje y los tecuanes danzaron, a hora acompañados por Mauricio Macario, músico, a quien don Erasmo le enseñó a tocar los sones de la danza de los tecuanes y a quien Nenetzin le pidió de favor que tocara.</p>
<p>De ahí, la familia partió en coches y mototaxis hasta el panteón de Santa Rosa 30, para darle cristiana sepultura.</p>
<p>Erasmo nació el 2 de junio de 1937, en el Barrio del Rincón de Teloloapan, Guerrero, y fue el segundo hijo de Modesta Pineda y Celso Rita.</p>
<p>Cuando era joven se integró a diversas danzas como “Los Moros”, “Tres potencias”, “Los vaqueros”, “La danza del Tenoxtle”, “Los pastores” y la “Danza de Tecuanes” de su pueblo originario.</p>
<p>En 1963 emigró con su esposa e hijos a Morelos y se estableció en Tlaltizapán, pero en 1985, Erasmo, quien trabajaba como jornalero, fue atropellado por un camión de carga de caña que le dejó gravemente herido.</p>
<p>Como siempre ha sido una persona de fe, prometió que, si vivía, formaría una danza para acompañar las celebraciones religiosas del pueblo.</p>
<p>En 1987, una vez recuperado, comenzó a prepararse para conformar su grupo de danza de tecuanes.</p>
<p>En esos años en Morelos, las danzas y las ceremonias eran cosas que sólo interesaba a los creyentes del pueblo, a los párrocos.</p>
<p>Practicaba mucho, poco a poco fue aprendiendo y también se grabó los diálogos, los nombres de los personajes, los pasos de la danza, hasta que finalmente un día reunió a un buen grupo de personas y montó la danza del tecuán.</p>
<div id="attachment_12174" style="width: 1450px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-12174" class="size-full wp-image-12174" src="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Erasmo-y-sus-tecuanes.jpg" alt="Erasmo y sus tecuanes" width="1440" height="960" srcset="https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Erasmo-y-sus-tecuanes.jpg 1440w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Erasmo-y-sus-tecuanes-300x200.jpg 300w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Erasmo-y-sus-tecuanes-1024x683.jpg 1024w, https://mochicuani.com/portal/wp-content/uploads/2025/09/Erasmo-y-sus-tecuanes-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><p id="caption-attachment-12174" class="wp-caption-text">Erasmo y sus tecuanes</p></div>
<p>Había muchas mujeres, eran sus hijas, sus nietas y sobrinas, porque pocas personas que no eran sus parientes se interesaron por formar parte de la agrupación.</p>
<p>Pues, finalmente, Erasmo Rita Pineda formó el grupo de tecuanes de El Mirador. Apenas sabía tocar la flauta, el tambor; conocía algunos pasos que había visto en presentaciones de tecuanes de otros barrios, también tenía fragmentos de parlamentos y una idea de los personajes y sus vestimentas.</p>
<p>No se parecía a ninguno porque tenía un poco de todos: danzaban de una manera distinta, los diálogos eran diferentes y el ritmo del pito y del tambor de Don Erasmo era algo singular.</p>
<p>En 1993 fue invitado a formar parte de la Coordinadora de Grupos Culturales, Indígenas y Populares, en donde hasta la fecha es reconocido por su labor de promoción de la identidad y participación en el arraigo de las tradiciones, mediante su danza de tecuanes.</p>
<p>En agosto de 2024, la Secretaría de Turismo y Cultura, incluyó a Erasmo Rita Pineda en la categoría de “Tesoros Humanos Vivos Morelos 2024”, su persona fue referida como un hombre de 87 años, originario de Guerrero y residente de Tlaltizapán, que se dedicó a enseñar y transmitir la historia y danza de Los Tecuanes, además de crear y reproducir la música que acompaña esta danza.</p>
<p>&nbsp;</p>
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