Herlindo el magnífico

Público inauguración

Público inauguración

Por Máximo Cerdio

Cuernavaca. El viernes 22 de octubre se inauguró la muestra pictórica “Oficio de recordar: Obra y memoria de Herlindo Ortega ‘El Curro’”, de Herlindo Ortega Ortega, en la galería de la Pulquería y Mezcalería San Juan Parrandero.

Fue curada por la doctora Isadora Escobedo y los alumnos de séptimo semestre de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos Aitana Núñez, Johan Diaz, Kenia Maravilla, Dari CaHer y Gali García. Estas 15 piezas son parte de un acervo de más de 60 retratos que ilustrarán un libro de crónicas y memorias de Zacatepec, que el Curro está escribiendo sobre personajes y hechos de ese pueblo que lo vio nacer.

Exposición

Exposición

De acuerdo con el pintor René García Reyes: “Herlindo posee una espontaneidad primitiva, no tuvo que estudiar mucho ni vivir mucho para regresar a su infancia porque la tiene allí, pinta desde allí mismo. Todos, más o menos pueden sentir y conmoverse con una pintura, pero no todos tiene la capacidad de transmitir sus sentimiento y emociones por medio de la pintura, Herlindo tiene ese don…”

A pesar de que Herlindo Ortega Ortega no estuvo presente por causas ajenas a su voluntad, hubo público que llegó a ver la exposición del Curro y Jorge Ugalde, Isadora Escobedo, Aitana Núñez y los demás alumnos que participaron en la selección y montaje abrieron al público la obra.

Dijeron que Herlindo llegaría a la galería en dos semanas y daría un recorrido por su obra para platicar y convivir con los asistentes.

La muestra permanecerá en la galería la Pulquería y Mezcalería San Juan Parrandero, localizada en la calle Licenciado Ignacio L. Rayón, esquina con Juan Ruiz de Alarcón, en el centro de Cuernavaca, hasta la primera semana de diciembre de este año.

Herlindo en Zacatepec

Herlindo en Zacatepec

El libro del Curro

Estos retratos de Herlindo pudieron acabar como muchos de sus dibujos y pinturas, en la basura o empolvados en la casa de alguna de las personas a las que se las obsequió y pensaron que no tenían ningún valor artístico, pero no ocurrió así.

En agosto pasado, fui a buscar al Curro para platicar con él y me relató que está escribiendo un libro sobre Zacatepec y sus personajes.

Según él, en todos los municipios hay una historia oficial que consignan los políticos, los poderosos, los que obedecen a intereses de grupos, y es la que se conoce en las biografías, en las crónicas, en las efemérides; es la historia oficial de los pueblos.

Pero hay otra historia que se construye todos los días en las esquinas de los barrios, en las calles de las comunidades, con personajes que le dan identidad al municipio, pero que nadie o pocos recuerdan.

El libro de Herlindo hablará de ellos y contará anécdotas sobre hechos significativos que ocurrieron desde la época en que él era niño.

Para él, contar estos hechos es una necesidad y un compromiso consigo mismo. Lo vio, lo vivió y recordar es una forma de reconocer la existencia de estas personas que no pasaron a formar parte oficial de la historia, pero aportaron algo. Muchos se hundieron en la oscuridad de los años, sin saber cómo se llamaban, sólo tenían un apodo por el que todo el mundo los conocía.

El Pili

El Pili

Por cada personaje o hecho, Herlindo hizo un cuadro, aunque no los conserva todos, ya que ha obsequiado la mayoría.

Herlindo dibuja y pinta en cualquier material, generalmente reciclado, como cartón, cartulina, papel cuché, papel Kraft, emplea pintura acrílica, plumones, lápiz, lo que tenga a la mano.

“Muchas veces, por la noche o en la madrugada se me aparece algo en la mente, me levanto y comienzo a dibujarlo; si tengo fuerzas, ganas y material lo acabo, si no, lo terminó horas después, pero no dejo ningún borrador a medias”, ha relatado.

Sus fondos generalmente son paisajes de Zacatepec y pinta a sus modelos como los recuerda, en las posiciones que rememora, en contextos generalmente históricos.

Por lo común, dentro del cuadro pone el nombre, el apodo, la fecha, su firma (El Curro), y anotaciones relacionadas con el personaje o el contexto, a lápiz o con tinta.

En la mayoría de los retratos también incorpora a un animal, generalmente doméstico, los mezcla y a veces más parecen niños que animalitos, todos son dignos de estar ahí acompañando a los personajes.

“Pongo esos animalitos porque así recuerdo que estaban, cerca de ellos o tocándolos, o jugando”, relató el artista.

Herlindo es escultor: construyó (de cemento, cal y varilla), el Benito Juárez que está la entrada de su colonia, también hizo un busto del General Emiliano Zapata Salazar en la colonia del mismo nombre y que antes los pobladores denominaban “Loma de la Muerte”.

Es un creador nato, que retrata hechos ocurridos en Zacatepec y a personajes públicos y desconocidos de su municipio.

Por falta de recursos económicos no continuó su instrucción formal en escuelas, sólo terminó la preparatoria técnica, pero es muy creativo y hábil en varias disciplinas. Cuando se propone algo nadie ni nada lo detiene:

“No he estudiado en ninguna escuela o universidad nada, para hacer lo que hago, pero me gusta cómo trabajo. Inicio algo y lo acabo con la misma emoción. Todo lo que hago, lo que construyo lo comparto con la gente, sin buscar nada más”, ha relatado.

Herlindo y Juárez

Herlindo y Juárez

Sus esculturas monumentales

Yo no conocía al Curro en persona, primero conocí a una de sus creaciones más famosas, allá por marzo de 2016.

Estaba buscando material para escribir una nota sobre el benemérito de las Américas, ya que se acercaba su aniversario.

En los límites de Zacatepec con Tlaltizapán, en la colonia Benito Juárez, hay una escultura de casi 3 metros, de pie, viste zapatos y traje negros, tiene chaleco del mismo color y una corbata que quiso estar pintada con verde, blanco y rojo.

El pelo es lacio, con raya al lado, su cara de indio oaxaqueño es dura. Su mirada de cemento se estrella contra la gasolinera de Pemex, el Oxxo y los dos carriles de la calle Dr. José María Luis Mora, que nunca se callan.

En el pecho, cerca del corazón, tiene una escuadra y un compás, abajo algo como un ave de plastilina con pretensiones de águila hecha por las manos de un niño. También tiene una cadena como de un reloj de bolsillo y sus extremidades superiores acaban en unas manos enormes a punto de volverse puños.

Por ese tiempo, me paré debajo de él y me imaginé de arriba abajo, observado por aquellos ojazos negros y los poderosos puños, y que el benemérito me reclamaba:

-¡A ver, culero, como está eso de “Bomberito Juárez” o “Bonito Juárez!

No sabía quién lo había construido o si los extraterrestres llegaron y lo instalaron ahí por sus tanates, lo cierto es que el monumento es difícil de ignorar. Desde luego, escribí un texto para el periódico (https://www.launion.com.mx/morelos/sociedad/noticias/86725-juarez-y-el-respeto-ajeno.html).

Santo y señas del escultor

Pasaron como cinco años, y en una de esas pláticas con el maestro Agur Arredondo Torres, en Tlaquiltenango, en su panadería, salió el tema de la estatua y me dijo quién era el autor; además, me mostró unos retratos del Curro, que me gustaron, pero no les puse mucha atención porque el tema eran las esculturas. Me dijo por donde vivía y de inmediato lo fui a buscar.

En enero de 2022 lo encontré en su vivienda, muy cerca de la escultura. Nunca me imaginé al autor de la escultura, sólo la seña de Aguar: “te va a sorprender”.

Herlindo es un hombre de la tercera edad, correoso, de poco más de un metro cincuenta centímetros de estatura, canoso.

Herlindo1

Herlindo1

Tiene una memoria prodigiosa, recuerda con lujo de detalles a personas y hechos que o murieron hace más de 70 años, además, tiene algo que muchos nunca al alzan por más estudios y prácticas que hagan: la virtud de expresar sus emociones, sentimientos y pensamientos por medio de la palabra, del dibujo, la pintura y la escultura.

Ese día me contó la odisea de la elaboración de la estatua. La construyó e instaló, sin ningún conocimiento sobre esculturas. La hizo para darle identidad a su colonia y porque las autoridades municipales no les reponían un busto de mármol que se robaron de la calle y estaba instalado en donde ahora se encuentra ahora don Benito. El curró buscó en vano por varios días, a ver si alguien había hecho la maldad de bajarlo y tirarlo en el canal o los cañaverales, pero nada.

“Nos mandaron busto blanco, muy bonito, pero cuando vinieron las primeras lluvias se derritió; era de yeso”, relató Herlindo.

Días después de que se instaló la escultura y que se celebró el natalicio del héroe oaxaqueño, se presentaron inspectores federales y dijeron a los colonos que debían demoler la estatua que había hecho el Curro porque violaba la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. Los pobladores les respondieron que no iban a demoler nada porque la estatua no era de la nación, sino del pueblo y el pueblo así lo quería.

Herlindo también elaboró un busto del General Emiliano Zapata Salazar en la colonia del mismo nombre y que antes los pobladores denominaban “Loma de la Muerte”, en Zacatepec.

Herlindo y Zapata

Herlindo y Zapata

Ha construido otras esculturas que algunos políticos han aprovechado para regalarlas a colegas.

(https://www.launion.com.mx/morelos/zona-sur/noticias/197928-herlindo-ortega-ortega-y-las-soledades-rusticas.html.)

Quién es El Curro

Herlindo Ortega Ortega nació el 28 de junio de 1940, en Zacatepec, es hijo de Eliseo Ortega Ochoa, de Palpan, Morelos, y de Juana Ortega Ocón, de Zaragoza, Tlahualilo, Durango. Su papá trabajó en el ingenio y fue cartero, su mamá se dedicó al hogar.

Desde niño le apodaron Curro y es muy conocido en su ciudad natal por ese apodo, le gusta y lo presume.

Casó con Lourdes Lamas Aparicio, con quien tuvo seis hijos: Oyuki, Adrián, Rosario, Alma Rosa Francisco Rafael y Ángel, de apellidos Ortega Lamas.

Algunos se fueron a Estados Unidos y hace más de 30 años se llevaron a su esposa. Tiene una hija en Zacatepec y un hijo que es sacerdote y trabaja en la parroquia de Tejalpa, en Jiutepec.

Herlindo se quedó en Zacatepec, en la colonia Benito Juárez, con su hija Oyuki y la familia de ésta. El Curro ocupa una habitación pequeña en la vivienda, de manera muy independiente.

Sólo estudió la preparatoria en el Centro de Capacitación de la Industria Azucarera y Similar a la República Mexicana en Yecapixtla, ahí se capacitó en neumática e hidráulica, apoyado por el sindicato azucarero del Ingenio.

Explicó que desde pequeño y en su juventud estuvo en varios conventos, aprendiendo con los monjes, y ellos le daban educación comida y alojamiento: su familia carecía de recursos económicos para mantenerlo y costear su educación, por lo que él busco siempre por sus propios medios superarse. Además de estudiar y trabajar, cuando tuvo posibilidades, ayudó a su familia.

En la actualidad vive de una pequeña pensión que le dan y de apoyos voluntarios que recibe de manera esporádica, no tiene transporte, hace larga caminatas por su pueblo y en cada esquina recuerda a hecho y personajes que una vez habitaron los barrios de Zacatepec y le dieron identidad.

El Curro ha sido autodidacta en muchas disciplinas y era muy requerido por sus amigos para hacer manualidades, era muy creativo y tenaz, sus diseños de esculturas en los diferentes desfiles cívicos de Zacatepec llamaban mucho la atención.

El Merolico porterazo

El Merolico porterazo

En abril de 2023, volví a platicar con el Curro (https://www.launion.com.mx/morelos/sociedad/noticias/226219-el-recordador.html) y me contó que había hecho más de 150 pinturas y dibujos sobre objetos, personajes y hechos que ocurrieron en Zacatepec, algunos son bastante conocidos, la mayoría pasaron desapercibidos.

Nuestra plática se centró en esos hechos y personajes que una vez fueron parte de Zacatepec, un pueblo que llegó a ser muy progresista y con mucha vida porque albergaba el ingenio azucarero más importante de México, pero que después comenzó a decaer, y con ello su gente y sus historias.

Me mostró algas pinturas que había hecho sobre los personajes que platicamos, pero no me llamaron la atención sino hasta agosto, que me contó que estaba haciendo un libro y me mostró cerca de 60 retratos.

Yo le tomé la palabra y le ofrecí de manera gratuita hacerle las fotografías de sus cuadros que servirían para ilustrar el mentado libro que aún escribe.

Después hablé con Jorge Ugalde y así comenzamos la aventura de exponer parte de la obra de Herlindo en la galería de la Pulquería y Mezcalería San Juan Parrandero.