Todos los Manchas

Todos los manchas

Todos los manchas

 

Por Máximo Cerdio

Fotos: Silvia Lozano y Máximo Cerdio

                   El hombre se tardó entender que el perro no es cualquier cosa. Lo ha seguido

                   desde hace más de ocho mil años y le ha servido para cazar, para

                   acompañarlo, le ha dado amor, y el animal no le ha pedido nada.

M. C., en “Sintaxis del perro”

 

Cuernavaca, Morelos; 29 de septiembre de 2025. Desde hace unos meses, un perro en situación de calle, llamado El Manchas, ha estado en las redes sociales, incluso se volvió tendencia, por jugar con otros perros en Plaza de Armas en las ceremonias oficiales, y por ladrar a personas que pasan con frecuencia por el zócalo de Cuernavaca y que han agredido a los canes.

El animal, de raza criolla, pequeño, color blanco con manchas negras y cafés, con la punta de la oreja cercenada, acompaña también las manifestaciones sociales, marchas y reclamos en que ocurren en el centro de Cuernavaca.

Hace unos días algunos portales y páginas informativas publicaron que el Manchas había sido atendido por un veterinario de una infección en la pata, y ahora estaba recuperándose.

Pedro Sánchez Ortiz y su esposa Vanessa Aceves lo llevaron al veterinario y pagaron sus curaciones y medicinas, lo siguen llevando a curación.

Además, lo resguardaron en su domicilio junto con la perrita con la que hace mancuerna el animal, a la que le llaman Canela.

Desde hace aproximadamente un año Pablo y Vanessa le dan de comer a estos animalitos y los procuran, luego de que una ocasión estaban tomando café una tarde en uno de los restaurantes y los perros se acercaron y les dieron comida. Al día siguiente hicieron lo mismo y así, hasta que se volvió una costumbre darle de comer.

El 14 de septiembre, día del Grito y del Concierto de Espinoza Paz, se llevaron al Mancas a su casa, previendo que habría mucha gente y lo podían lastimar.

En el centro de la capital del Estados, todo el mundo lo conoce. Sin embargo, no es el primer Machas, éste, casi idéntico al actual, apareció allá por el año 2010 o 2011.

Manchas actual en manifestación

Manchas actual en manifestación

El Manchas reciente

El Manchas reciente apareció hace algunos años en el centro histórico acompañando a un perro amarillo, un poco más grande que él, y al que algunos reporteros pusieron el nombre de Chiquínquiro: éste era macho alfa y el Manchas el macho beta.

El perro, al que también se le apodaba el Manchas, era de estatura mediana, como de diez años, de raza criolla, de color blanco con manchas amarillas.

Chiquínquiro era un perro que acompaña a todas las manifestaciones que ocurren en el primer cuadro de la ciudad. Marcha con los maestros, con los trabajadores, con las feministas, con las víctimas, con los usuarios afectados por los impuestos; el animal se solidariza con todas las personas que tienen una queja o que exigen el cumplimiento de alguna promesa o un derecho.

Por si fuera poco, el perro ladraba de una manera escandalosa a las patrullas con policías o a las camionetas de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano.

En algunas ocasiones se ha visto que los perros ladran o atacan a algunas personas que transitan por Plaza de Armas. Un día el Mimo (RIP), relató que los “Teporochos” y “Mariguanos” molestaban a los perros y ellos recordaban quien los había pateado o apedreado y por eso, los corrían de ahí:

“Los perros no son tontos, recuerdan. No me ladran a mí o a los reporteros o a los policías, porque los respetamos”, dijo.

Algunos reporteros han sugerido que se le ponga un collar y se le inscriba la palabra “PRENSA” o mejor aún: “PRENSA. REPORPERRO”.

Cuando las manifestaciones terminaban, el chucho regresa a su lugar preferido: la esquina que forma la calle Gutenberg y Guerrero, en la esquina del Jardín.

De esto daban cuenta los propios manifestantes, que veían gracioso al perro caminando con ellos o acostado con los testículos al aire cuando se detienen o se sientan y bloquean las calles y avenidas.

Chiquínquiro era acompañado a veces por el actual Manchas.

El lunes 24 de enero de 2022, por la mañana, una jauría atacó a al Chiquínquiro en el Jardín Juárez del Centro de Cuernavaca. Los 11 perros callejeros que seguían a un indigente conocido como El Rastas, se lanzaron contra el animal solitario y lo mordieron varias veces en distintas partes de su cuerpo. Transeúntes defendieron al animal, uno de éstos se quitó el cinturón y correteó con él a los canes que se alejaron con su acompañante.

El ladrante se alejó cojeando, lastimado, y se perdió entre las calles del centro de la ciudad.

El jueves 27 de enero, después de una ausencia de dos días, el animal regresó al Jardín Juárez.

Chiquínquiro era muy sociable, movía la cola a quienes se le acercan para acariciarlo y se deja tocar la cabeza y el lomo; socializaba con perros más pequeños que él y ladraba a los callejeros que querían atravesar su territorio: la Plaza de Armas y el Jardín Juárez eran de él.

Al menos cuatro personas: dos adultos mayores, un muchacho y una chica, proveen al animal con comida y agua, lo pasan a alimentar durante el día.

Una de las personas que le da de comer es Carmen Salmerón, bióloga, laboratorista, que trabaja en un laboratorio frente al Jardín Juárez.

En entrevista dijo que le lleva comida al Güero (como ella llama al can).

“Tiene como un año que lo conozco, lo vi ahí, en la mañana, y le pregunté al tamalero de quién era el perro y me dijo que no sabía. Entonces yo le comencé a dar croquetas y sobres de comida y eso hago todos los días, excepto los sábados y domingos que no vengo a trabajar y entonces me preocupo y me pregunto quién le da de comer al Güero el sábado y el domingo. El Güero es un animalito bien noble, no lo maltraten, no muerde ni nada. Debemos respetarlo, no debemos maltratarlos. Cuando lo veo, me anima. Yo soy feliz dándole a la gente y a los animales”, relató.

Chiquínquiro llegó al centro de la ciudad en la época en que la organización Antorcha Campesina invadía el primer cuadro de la ciudad demandando servicios públicos. En esas manifestaciones multitudinarias los perros acompañaban a sus dueños y en una de esas, el actual Manchas y el Chiquínquiro descubrieron el nuevo territorio y lo conquistaron.

Para julio de 2020 ya andaba en el centro de la ciudad, acompañando a los todos los manifestantes.

De ahí en adelante, el perro comenzó a marcar su territorio

Chiquínquiro desapareció en abril de 2013, nadie sabe lo que le ocurrió, a pesar de que algunos reporteros comenzaron una búsqueda más allá de los lugares que frecuentaba el animal, no pudieron localizarlo.

Desde esa fecha que “dejó la plaza”, el actual Manchas comenzó a tener mayor presencia en esa zona, hasta que la gente lo adoptó como el perro de la Plaza de Armas General Emiliano Zapata Salazar.

Chiquínquiro o el Manchas, ganó tanta fama que una pintora lo puso en un mura cerca del puente Porfirio Díaz, frente al Castillito, en Cuernavaca.

Manchas primero

Manchas primero

El mero mero Manchas

El primer Manchas fue parte de los personajes urbanos del centro de la ciudad. Mucha gente lo conocía, lo cuidaba, le daba de comer. Era conocido también como El Gordo, el Licenciado y Espagueti.

Era blanco, pequeño, con manchas negras, café y amarillas. Tenía cerca de ocho años, estaba esterilizado.

A principios de 2014, Paula Beatriz Ortiz Aguirre, una mujer que vivía en el centro de la ciudad, relató que tenía tres perritos adoptados de la calle a los que paseaba por la ciudad. Todos los días el Spaghetti se paraba frente a la casa de Paula Beatriz y cuando ella y los animalitos salían a caminar él los acompañaba por todo el centro, como protegiéndolos, hasta que terminaban y se regresaban a la casa de Beatriz. Una vez que entraban, el Manchas se iba a la calle, y así todos los días. “Hace como siete años, una noche lluviosa del mes de octubre escuché que alguien raspaba mi puerta, abrí y era el Manchas, estaba todo empapado, lo dejé entrar y lo sequé y desde ese momento adoptó mi casa para ir a pasar la noche. Todos los días salíamos a caminar y regresábamos y el Manchas se iba hasta la noche que llegaba y tocaba y yo le abría para que durmiera adentro”.

En 2015, Paula Beatriz platicó que un día se encontraba en su casa porque recibía un tratamiento contra el cáncer recién diagnosticado: “de pronto comencé a asfixiarme. No tenía fuerzas para pedir ayuda, ni para salir a la calle. Manchas y los demás empujaron la puerta y salieron a pedir auxilio a la calle y unos vecinos me atendieron. De no ser por África, Canela, Estrella. Nicolás y el Manchas yo me hubiera muerto. Lo extraño es que nunca los enseñé a abrir las puertas”.

Ortiz Aguirre también dijo que a finales de septiembre de 2015, el Manchas llegó a su casa después de mucho tiempo de no aparecerse por ahí, le abrió la puerta como siempre y lo dejó para un sofá donde se acostaba junto con sus demás perros. El Manchas no quiso subirse y se quedo en el piso, por la noche, escuchó que se quejaba y al día siguiente, por la mañana, vio que tenía sangre en el hocico, por lo que lo llevó el veterinario. El médico le dijo que o alguien lo había golpeado o se había caído, y que además ya estaba viejo.

Beatriz lo llevo a su casa y ahí estuvo el Manchas en el sofá todo el día, el jueves 29 de septiembre de 2015, por la mañana, cuando ella y sus perros se levantaron para dar su paseo acostumbrado, el Manchas no se levantó: había muerto.

“Yo lo sentí mucho la muerte de ‘Manchitas’ porque era un perro muy especial, muy cariñoso, nos cuidaba, era muy simpático y amistoso y muy inteligente. Lo extraño y también lo entrañan mis perros. Las personas que lo conocieron me preguntan por él y he tenido que darles la mala noticia de que murió”, explica la mujer que dio casa y cariño al Gordo, como también le decían.

Dijo que mucha gente del centro y de todo Cuernavaca lo conocían y lo querían: “pagábamos sus vacunas, cuando se enfermaba de la piel lo curábamos, lo alimentábamos todos; nunca le faltó cariño ni alimentación ni techo, pero era muy vago, a veces se iba hasta Tepoztlán o a Yautepec y como sabían que era de Cuernavaca y que yo lo cuidaba me lo traían”.

Algunas personas que conocieron al “Ingeniero” –otro más de sus motes–, decían que no era un animal común y corriente: muy listo, muy entendido, escuchaba lo que le decía y no reaccionaba por instinto. Mostraba una inteligencia muy particular.

El Manchas era pachón; cuando las personas se le acercaban para hacerle un cariño él respondía bajando la cabeza y moviendo la cola. A veces se tiraba al piso y mostraba su amplia y blanca panza y el lugar donde estuvieron sus genitales, como señal de sumisión.

En diciembre de 2014, muy de mañana, había un adulto mayor sentado en una banca de metal de plaza de armas, calentándose sus huesos, estaba sólo, con su pellejo arrugado y sus huesos fríos, esperando que el sol de las once de la mañana lo calentara. El Manchas lo observó y se le fue acercando poco a poco hasta que lo tuvo enfrente y le movió la cola. El anciano le puso la mano en la cabeza y el perro se sentó a sus pies.

Cuando la gente pasaba no veía a un viejo solo, sentado en una banca, sino a un hombre acompañado por su perro.

El Manchas estuvo algunos minutos con el anciano y después se paró y se fue caminando entre las jardineras. El hombre viejo sonrío con su boca huérfana de dientes, agradeciéndole al perro la compañía.

Mural con el Manchas

Mural con el Manchas

Los tres Manchas que han tenido a cargo la Plaza de Armas de Cuernavaca tiene parecido físico, pero también en carácter. Muy inteligente, muy sociable, muy solidarios.