Con mis propias manos

Ilustración Temix
Máximo Cerdio
De un día para otro, nadie pudo entrar ni salir del municipio que, en los últimos años, se convirtió en uno de los más violentos de México.
Durante más de seis meses de trabajo, el muro de contención de ocho metros por cuatro de espesor se fue construyendo, hasta que una noche se instalaron los últimos bloques para cerrar de manera permanente.
Que nadie diga que no se intentaron todas las medidas para prevenir los homicidios, robos, violaciones, secuestros, venta de drogas en las escuelas. No funcionó nada, y se tuvo que tomar esta medida, que no fue una opción, sino una ocurrencia de un asistente a las reuniones de seguridad, pero por la cual se votó por unanimidad ante la falta de propuestas.

Muro1
A partir de ese día, la sociedad podría matar y hasta comerse a los delincuentes, sin que ningún policía, guardia o agente interviniera.
Se desconocía cuánto tardaría el pueblo en ajusticiar al vecino ladrón y violador, al tío asesino, a la señora que vendía drogas en la tienda de la esquina.
Nadie hubiera creído, si alguien les hubiera dicho, que al mes de iniciada la operación, «Con mis propias manos», se acabó con cualquier crimen, y que los pobladores decidieron encerrarse para siempre en Temixco.
