La poesía es irreverencia

Portada garrobo

Portada garrobo

Por Máximo Cerdio

Jojutla, Morelos; 3 de julio de 2025. El garrobo arrecho, poemas, de Alberto Álvarez Landeros, editorial, Macondo, Chilpancingo, Guerrero, 2005.

A pesar de que la sociedad actual presume de mucha apertura, prohíbe la manifestación de las ideas que se expresan en las diferentes plataformas en donde, desde luego, hay filtros para que los castos oídos y ojos de algunas personas no sean profanados.

Insultos, palabras groseras, palabras obscenas, palabras tabú, son detectados y eliminados por programas para conservar el acceso a los contenidos familiares.

Todo lo que las redes sociales prohíben está en “El garrobo arrecho, poemas”, de Alberto Álvarez Landeros; principalmente aquellas que se refieren al cuerpo.

Como un buen poeta, Alberto no se mide con todas estas “grosería” como el niño que juega con su propio excremento, pero lo hace de una manera diestra, creativa, poderosa, de tal forma que cuando él emplea una palabra procaz, no hay otra que pueda sustituirla.

Y no nada más porque el poeta está empleando versos rimados de arte menos y mayor, sino porque la poesía no se puede escribir con sinónimos.

Temas, versos y palabras irreverentes componen este escuálido ejemplar, publicado por la Editorial, Macondo, en Chilpancingo, Guerrero, 2005.

En el poema que da título al libro Alberto se asume con un garrobo de piel sarmentosa (delgada, flexible y nudosa), “alérgico a sufrir y a trabajar/ güevón profesional, miraá libidinosa”.

En Dios es costeño, el poeta le agradece al creador: “Nos diste cocotales y enramadas/ nos hiciste güevones, relajados/ entiendes que el calor de la chingada/ nos lleva a ser sensuales y atascados”.

“Café Jojutla/ batucada de pájaros/ esa muchacha / ofendía sus caderas/ el talle del vestido/ gusto de gozar / cuerpo de mujer/ magnetizado por el calor”, lanza esta postal el poeta, que ubica en Jojutla.

En el poema “Albañil”, Alberto descubre que hay un día en especial en el que se siente especialmente mejor: “El sábado no sé por qué artificio/ movimiento hormonal razón secreta/ ambiente de festivo meretricio:/ el sábado me siento más poeta”.

En una referencia a Joaquín Sabina, asevera: “Es moneda de ley entre los vagos/ sin fuetazos vulgares en usura/ prender una fogata beber tragos bajarle los calzones a la luna”.

En el último texto, la parte más alta de su ánimo, Alberto le dedica una oda a su miembro y dice: “Yesca mística, milenario garrobo/ no tienes noción de ridículo/ fobias y tabú, pecado/ sería feliz y sabio/ siguiendo dócilmente tus impulsos”.

Desconozco si este poemario se pueda conseguir en algún lugar, un amigo me lo regaló y le dije que iba a reseñarlo, así que cumplo con mi palabra y, si alguien está interesado, puedo acompañarlo para que vayamos a buscar al autor en el mercado de Jojutla, donde lo he visto salir de prisa de las fondas donde llega a comer.