El poeta y las” Consecuencias”

Consecuencias, de N´L XILIO Producciones
Por Máximo Cerdio
Jojutla, Morelos, México; 3 de julio de 2025. Cuando uno permanece por lo menos dos semanas en alguna ciudad del extranjero a la que se llega por primea vez, comienza uno a entender la verdadera adinámica, se puede escuchar como truenan las ruedas de su engranaje, a qué huele y a qué sabe, con qué velocidad se mueven las personas en la ciudad y en sus casas.
Así, después de varios días uno se da cuenta que en la ciudad no hay perros callejeros, pero sí ha gaviotas que compiten con las gatas, ratas y mapaches nocturnos por la comida y que cada vez se vuelven más gandallas, es decir, humanas: falso o cierto circula por ahí un video con unas gaviotas imitando el maullido de un gato para pedir comida.
También sorprende ver a los negros (afroamericanos), en las calles, empujando un carrito de metal del supermercado o mendigando en las calles; pero por la noche, tocar un exquisito blues y el jazz en algunas cavernas de la ciudad.
(“Cuando estés en Chicago ve a donde quieras, pero no se te vaya a ocurrir ir a los barrios de negros”, me recomendó el doctor Ganem -RIP- y fue lo primero que hice.)
Para los migrantes Chicago es una ciudad de trabajo, si sale alguna chamba en el día de descanso se toma. Hay poco tiempo para la diversión y menos para las artes, casi nada para la poesía, pero si se escarba se encuentra.
Miguel Ángel Ontiveros radica en Chicago desde hace muchos años. Su mirada crítica seguramente viene desde mucho antes que comenzara a tomar talleres literarios en los años 80.
Sus incursiones en esta disciplina están en “Aquí estoy me digo” y “La isla del alcohol”.
«Consecuencias», de N´L XILIO Producciones, Estados Unidos, 2025, es un libro de poesía en verso libre, sin puntuación, sobre un ser humano que asume las consecuencias de sus aciertos y errores, una constante lucha contra las adversidades, un desprecio por lo ordinario.
Miguel Ángel habla de lo que más conoce: de su persona, en todas sus partes, la buena, la mala, y la peor, no se concreta en describir sensaciones o emociones, reflexiona sobre él y sus circunstancias, sobre su pasado; sobre el amor, sobre el desamor y el tiempo.
Toda esta revolución ocurre en la cabeza de un mexicano en Estados Unidos, que debería dedicar sus días de descanso a beber o a mirar televisión o a rascarse lo tanates en el patio de su casa, oyendo música regional mexicana, todo eso y más, si no fuera porque este migrante es un poeta.
La voz de Miguel Ángel Ontiveros bien podría perderse en Chicago, entre su obsesión por ganar dinero, entre el racismo y la discriminación, entre las redadas y el trato de animales que dan a los migrantes los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas; este riesgo lo ha superado Miguel Ángel: su sensibilidad para sintetizar los actos más humanos por medio de la palabra lo distingue.
