De Juan Parrandero y los tlaloques

Procesión Juan Parrandero

Procesión Juan Parrandero

Por Máximo Cerdio

Jiutepec, Morelos; México; 25 de junio de 2025. El jueves 23 de junio Jiutepec celebró a San Juan Parrandero. Llovió sobre mojado, como dice el dicho (y Camilo Sesto), ya que desde la mañana hubo lluvia, cortesía del huracán Erik.

Desde que inició esta tradición hasta nuestros días, el objetivo es pedir una buena temporada de lluvia para beneficio de los agricultores.

Y como ocurre con la gran mayoría de las ceremonias religiosas, se mezclan actos paganos modernos con ritos ancestrales.

Esta fiesta en la que participa todo el pueblo, y en donde, gracias a Dios, no se hace el aparecido ningún político, inició con una misa oficiada por el padre Mariano Arriaga, quien explicó que todas las festividades que se realizan con entono a San Juan Bautista están relacionadas con la fertilidad.

Este año hubo tres imágenes de Juan Parrandero, una grande, la más antigua, una mediana, que llevaba huaraches y una tercera que se incorporó en Las Fuentes.

La imagen de más años iba en brazos del mayordomo, que bailaba al son de la banda de viento. Fue tallada en madera, viste una túnica en color verde, con manto rojo, tiene sombrero de palma, un morral de ixtle y unas botitas, porta un collar de rosas amarillas. También lleva una botella de alcohol y en la boca un cigarro. El mayordomo resguarda esta imagen en su domicilio y se encarga de pasar a pedir cooperación a las casas, para cubrir los gastos para los músicos, alcohol, cohetes, flores y lo que se necesite.

Los mayordomos, Yazz Córdova y César Oliva, obsequiaron tamales y bebida.

La otra escultura es relativamente nueva y porta huaraches, la llevaba Jorge, el dueño de la pulquería Juan Parrandero, de Cuernavaca, Morelos.

Los grupos Círculo de Estudios, danza y cosmogonía «Yolmanalli Tlahuica», representados por Michell Lefranc y Pablo Mendoza y Círculo de Ofrendas «Xochicualli», del profesor Óscar Núñez, acompañarían desde aquí hasta la conclusión del día a los Juanes, realizando ceremonias en puntos clave.

La banda de viento, caracoles sonoros y cantos acompañó a los Juanes y los creyentes al zócalo, luego entraron al mercado municipal en donde pasearon a los personajes y salieron hacia la calle General Emiliano Zapata.

La procesión caminó de frente hasta llegar a la Ignacio Zaragoza y entró por avenida de Las Fuentes, donde caminarían hasta el Balneario.

Conforme el gentío avanzaba, se unían más personas. Cada determinado tiempo, se le prendía el cigarro a los Juanes. Originalmente era un puro y junto con el alcohol, es una ofrenda para que haya agua y buena cosecha, y para que no haya tempestades.

Adelante iba un personaje vestido de negro, con una máscara y con dos látigos o chirriones que hacía sonar de vez en vez. Era la primera ocasión que aparecía en la fiesta de San Juan Parrandero.

“Es el pueblo y es su fiesta, y él decide qué pone o qué saca. El trueno sonando antes de la lluvia, es el trueno asustando al jaguar”.

El punto de llegada fue un ojo de agua en Las Fuentes, en donde los danzantes realizaron un ritual prehispánico con una ofrenda (huentle), para que haya buena lluvia.

Allí se incorporó una escultura pequeña de Juan Parrandero, la dueña se llama Juana y se mandó a hacer su Juan.

“Antes se llevaba al río, al barrio de San Juan, pero por la contaminación de las aguas, se acude al balneario”, según el cronista e historiador de Jiutepec, José Rodríguez de Gante.

Los tres mayordomos se metieron a la alberca y sumergieron las esculturas en el agua e invitaron a los fieles a meterse y nadar con los Juanes.

“Borracho, mariguano que se mete hoy con los juanes, se le quita lo vicioso”, aseveró una mujer que ya llevaba varios “estoques” en el bulbo raquídeo.

Después del baño o bautismo, enfilaron hacia el panteón municipal, en donde se pidió por el descaso de los mayordomos que se llamaron Juan o Juana y en seguida caminaron rumbo a las casas de las personas que se llaman como el personaje.

Algunos que cumplían años o celebraban su santo, regalaron tamales y café, y le prendieron un cigarro a Juan, además, obsequiaron alcohol y mojaron a los devotos.

Una chica andaba con un rifle de juguete disparando “agua bendita” a quien le abriera la boca.

Juan parrandero y mayordomos en Las Fuentes

Juan parrandero y mayordomos en Las Fuentes

De ahí en adelante, el jolgorio seguiría en la calle, al ritmo de la banda de viento y una pipa de agua que comenzó a bañar a la procesión.

La celebración acabaría el último segundo de ese día en la casa de los mayordomos, que guardarían la imagen de San Juan Parrandero para el año siguiente.

Sobre esta festividad hay varias opiniones.

Para algunos Juan Parrandero es San Juan el Bautista, y éste, a su vez, es la representación de Tláloc, el dios de la lluvia, aunque varios desmienten esta idea diciendo que ni representa a Tláloc no es San Juan Bautista, simplemente es un personaje del pueblo, eso sí.

También se asegura, que cuando inició se llamaba “La parranda de San Juan”. Un presbítero diocesano de la iglesia de Jiutepec llamado René, que no quería celebrarle la misa debido a que pensaba que los rasgos indígenas del santo no correspondían con los de San Juan el Bautista del santoral católico, se refirió́ a él como “San Juan Parrandero”, y la gente lo adoptó como tal.

Hay una anécdota en la boca de la gente que relata que un sacerdote no quería dejar entrar a Juan Parrandero a la iglesia, porque no era un Santo reconocido y catalogado. Pero cuando cambiaron al párroco por fin Juan pudo entrar a la iglesia, aunque no se le celebra una misa especial, se le bendice.

Durante la fiesta no se busca la embriaguez, sino la celebración a manera de “huateque”, en el que se pide al personaje interceda para que haya agua durante el temporal y buenas cosechas al final de éste.

El humo, en este caso de tabaco, se relaciona con los aires como entes vivos y no solo como un elemento de la naturaleza.

La música que se canta durante el huateque se llama “Tigüis tigüis”, y se baila de manera particular, los pasos se relacionan con los cuatro puntos cardinales.

Michelle LeFranc Alonso, integrante del grupo de Estudios Cosmovisión y Danza Tlalmanalli, dijo que ya llevan varios años participando en la petición de lluvia y agradecimiento.

Juan Parrandero no es una advocación de Tláloc, sino de un tlaloque, esto según Pablo Mendoza, también integrante del grupo de Estudios Cosmovisión y Danza Tlalmanalli.Los aires son los tlaloques o ayudantes de Tláloc, niños o duendes. Eran muchos, como las incontables gotas de agua, y se clasificaban en cuatro estereotipos: Yauhqueme, vestido de pericón, Opochtli, el zurdo, Tomiauhtecuhtli, el vestido de espigas y Nappatecuhtli, cuatro veces señor.

A cada uno le corresponde una región, un rumbo y un tipo de maíz, así, Yauhqueme viene de la parte roja, de la parte de Xihuatlanpan, del lugar de las mujeres, a él le corresponde el maíz amarillo.

Los tlaloques están en el aire, hacen llover. Tienen un jarrón, que rompen con un palo, al hacer esto ocurre el trueno, y al desparramarse el jarrón se precipita la lluvia. Ésta, es una alegoría de la lluvia.

Los cuatro tlaloques que integran el Estado Mayor de Tlaloc forman el ciclo del agua, antes no se hablaba de las cuatro estaciones, sólo épocas de lluvia, Xopan, hacia el verdor, y Tonalco, hacia el calor.

Los tlaloques están en Xopan, cada uno tiene un ciclo de agua, incluso hay una ceremonia llamada de rompimiento de jarrón: se sube un jarrón y se deja caer o se le pega con un palo.

Dentro de Xopan hay cuatro subciclos, la primera entra con Yauhqueme, la segunda con Opochtli, etcétera; cada uno tiene una función, mantenimiento de las cosas verdes, la pudrición si no se cuidan, otra tiene el agua suficiente para que se dé el fruto y lo podamos colectar.

Aún se desconoce qué tlaloque es advocación de Juan Parrandero.

De acuerdo con Michele Juan Parrandero no es San Juan Bautista, sino una imagen que representa a un campesino de Jiutepec, es cien por ciento del pueblo y para el pueblo, la fiesta que se le hace no es prehispánica, aunque varios grupos de danza participan.

“Se desconoce cómo inicio la tradición, se supone que varios Juanes estaban celebrando su santo o cumpleaños y le fueron a dejar mañanitas a otros juanes. Luego alguien hizo una escultura con madera de pirú, por cierto, la más reciente no tiene más de cien años como la tradición, es relativamente nueva, y así comenzó”.

Según Óscar Núñez, cronista, todas estas tradiciones relacionadas con el agua son parte de la visión mesoamericana, que es un crisol de todas las culturas previas, y en donde el sur era una zona donde, si bien Huitzilopochtli es cargador del Sur, Tláloc tiene gran presencia.

Tláloc tiene diversas caracterologías, y se forma precisamente por concepto de la Tierra, que germina, que fertiliza. Todo esto es la labor es de Tláloc junto con Ehécatl, no debemos de pensar nunca en Tláloc y sin Ehécatl, es parte de esa simbiosidad de elementos de vida, lo mismo con el agua, con el fuego, con el viento y la Tierra.

Por varios vestigios y estudios que hemos hecho, aquí en Jiutepec había una gran importancia de Tláloc. Hay representaciones en piedra de nubes y culebras y personajes con bastones de mando. En esta zona había más de 18 ojos de agua y lagunas.

Los calendarios de las lluvias en nuestros días marcan que en junio del 21 del solsticio pasa al 24 de San Juan y en esa fecha se abren las puertas del cielo para que caiga el agua, y las vamos cerrando el 28 de septiembre y después al 18 de octubre y el 28 que es la temporada de seca y luego bien día de Muertos.

Así, Juan Parrandero es una de las representaciones de la energía vertical del agua, que es la lluvia.